lunes 28 de julio del 2008 Columnistas

‘No, no y no’

“No, no y no,/ a este Gobierno,/ dile que no,/ contra el abuso y/ prepotencia,/ en el plebiscito/ dile que no,/ no, no y no,/ dile que no”.

Así cantaba un excelente jingle de la campaña por el voto negativo en el plebiscito de 1988, que había sido convocado por el gobierno de León Febres-Cordero para que el electorado resuelva si se permitía a los independientes participar como candidatos en las elecciones. Era una propuesta justa y democrática, que prácticamente no tenía oposición, que de acuerdo con las encuestas previas ganaba ampliamente. Pero al régimen no le importaba lo democrático de la participación de los independientes, sino ganar un plebiscito, cualquiera, a como dé lugar, para luego exhibirlo como un triunfo aprobatorio de su gestión.

A veces me asusta ver la poca memoria que tiene la colectividad ecuatoriana, me llama la atención la escasa capacidad para revisar incluso la historia inmediata, me espanta ver lo rápido que olvidamos. Por eso me ha parecido importante retrotraernos a 1988 y comparar las situaciones. Entonces, como dije, las encuestas preveían un triunfo del “sí”, que era obvio dado la justicia del pedido. Pero en su mejor acción política el entonces ya ex presidente Osvaldo Hurtado le apostó al no, jugándole al gobierno en cancha propia, es decir, presentando al plebiscito como lo que realmente quería el febrescorderato: como una aprobación. Eso había que negarlo y Hurtado ganó.

Ese triunfo ha quedado para los anales de la ciencia política, pues es un ejemplo contundente de lo que no se cansan de decir los buenos asesores: que las encuestas no sirven para predecir el futuro, sino para cambiarlo. Se puede argumentar que no era demasiado ético votar en contra de una propuesta legítima, con el único fin de descalificar a un gobierno. Es que ese no era el único fin, ni el principal, lo importante entonces era parar un proyecto autoritario, que desde entonces quedó trunco aunque nunca del todo muerto. La saludable reforma a favor de los independientes vino luego sin problema, tal como se previó cuando se organizó la lucha por el “no”.

Me preguntas: entonces, ¿estás proponiendo una estrategia para el “no” en el plebiscito sobre la nueva Constitución? Las recetas inmutables en política no existen, la realidad social es demasiado plástica, demasiado variable como para hablar de fórmulas infalibles.

Las situaciones separadas por dos décadas tienen semejanzas y diferencias. En ese entonces la oposición encontró un líder creíble y prestigioso. Por el momento no hay disponible alguien de esa talla, por eso, el Gobierno se esforzará en “encontrarle” jefes a la campaña del “no”, justamente entre los más rechazados dirigentes de la partidocracia. Por otra parte, la propuesta de 1988 era esencialmente buena, como dije, y eso no ocurre hoy. El montón de hojarasca constituido por vaciedades como el buen vivir, por perogrulladas como que el agua es indispensable para la vida o ruedas de molino como el “idioma oficial de interculturalidad” (¿se tragará la Conaie semejante hostia?), no logran ocultar un proyecto autoritario de concentración de todos los poderes.
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