- JUL. 28, 2008 - Foto - El Gran Guayaquil - EL UNIVERSO
Hasta las décadas de los cuarenta y cincuenta del siglo pasado, aquella frase fue muy popular entre los guayaquileños, pues aludía a la celebración de un cumpleaños u onomástico en el que la bebida principal era precisamente la famosa ‘chicha’ que la hacían de avena, jora, arroz, esencia de vainilla y cáscara de piña. Se cumplía el brindis, la entrega de regalos, los abrazos y felicitaciones por los invitados y enseguida se servían otras preparaciones de las mistelas preparadas con esencia de menta y aguardiente, rompope, etcétera. Todo se preparaba en casa, no como ahora que están industrializados y embotellados.
En aquellos años que ahora evocamos tenían popularidad el dúo de los hermanos Montecel para las serenatas a las santas y el conjunto musical del Armando Pibe Aráuz, para amenizar los bailes. Los ritmos de mayor acogida eran la rumba, la conga y la guaracha. Se escuchaba música grabada en discos de pizarra que reproducían las vitrolas, a las que cada tres discos había que cambiarla la aguja. En otras ocasiones se contrataba a cantantes reconocidos por su potente voz, caso del famoso intérprete de apodo Diablo ocioso.
Santa Rosa y San Ramón, en agosto, daban oportunidad para muchas reuniones familiares, con comida y bebida en gran cantidad. No faltaba el aguado o el caldo de gallina a eso de las cuatro o cinco de la madrugada cuando terminaba la fiesta. El ‘peaño’, esposo de la santa, se esmeraba en los preparativos y atendía a los invitados, para que los comentarios favorables no faltaran y se mantuvieran por largo tiempo.
En la página social de EL UNIVERSO se solían publicar felicitaciones a las damas que cumplían años y por esos recibían los agasajos de la familia y allegados.
Rara vez las reuniones terminaban en escándalos o peleas, pero no faltaban los ‘paracaidistas’ o personas no invitadas. Se bailaba mucho el pasadoble, la conga y la rumba.