Es fantástico”, indica el músico Roberto Bolaños sobre un viaje que realizó a la capital del estado de Colorado (Estados Unidos) en el 2001 para intervenir en el Cherry Creek Arts Festival, organizado por el municipio local.
“Lo curioso es que la comunidad participa como voluntaria. Por ejemplo, a nosotros (el grupo Bolaños Jazz) nos recibió en el aeropuerto un hombre de muy buena posición económica, pero que ayudaba como chofer llevando a los artistas a sus hoteles”, dice.
Eso es parte de una singular relación que la ciudad mantiene con las artes, desde la que se encuentra en museos como el de Arte Moderno, de Historia de Colorado, de Historia Natural, hasta la música de LoDo, región del centro histórico restaurada al estilo Victoriano y que alberga decenas de jazz-clubes, además de sports-bares, cervecerías y restaurantes.
Sin embargo, Roberto vivió más de cerca ese ambiente en la calle. “Salíamos de un mall en el centro y escuchamos un clarinete que sonaba fuerte; era un hombre que tocaba bajo un árbol mientras seguía el ritmo de jazz con sus zapatos con punta de metal”, señala sobre esa persona que “se volvió nuestro amigo, le dijimos que éramos músicos de jazz de Ecuador y se portó muy bien con nosotros”.
La visita al Parque Nacional de las Montañas Rocosas fue casi obligatoria. “Es un sitio impresionante, pero nuestros Andes son más altos y colosales”, menciona Roberto, quien se sintió impresionado al encontrar un pueblo de esquiadores entusiastas con el blanco panorama cubierto de nieve. “Denver es una ciudad poco conocida pero vale la pena visitarla”, recomienda el saxofonista, que este jueves se presentará junto con el flautista Carlos Prado en el Teatro Centro de Arte.