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Edición del DOMINGO 27 de Julio del 2008 EL UNIVERSO inicio e-mail
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Puente Alejandro III
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Texto: Teresa Gutiérrez Chávez desde París | Fotos: Germán Baena

El río Sena es parte del paisaje y de la historia de París y es imposible hablar de este sin mencionar a sus puentes, que son un atractivo más de la ciudad.

El río Sena tiene una longitud de 780 km desde su nacimiento en la meseta de Langres hasta su desembocadura en el canal de la Mancha. Sin embargo, son los 13 km que atraviesan París, con sus 37 puentes, los que le han conferido un reconocimiento mundial. En 1992 la Unesco declaró Patrimonio de la Humanidad las vistas de las orillas del Sena, desde el Puente de Sully, en la isla San Luis, hasta el Puente de Iena, que comunica la Torre Eiffel con los jardines del Trocadero.

Nuestro recorrido por los principales viaductos parisinos se hará río abajo. No solo a nivel geográfico, sino también simbólico, pues, se trata además de un viaje por la memoria del río, en la medida en que se evocarán los acontecimientos estrechamente ligados a la construcción de estos lazos tendidos entre ambas riberas, que constituyen desde hace varios siglos el alma de París.

Dada la dificultad de describir cada uno de ellos, escogí presentar los doce que, a mi modo de ver, permiten una visión general y al mismo tiempo completa de este conjunto arquitectónico que sobrevuela las aguas del Sena.

Al término de esta trayectoria de puente en puente solo me queda recomendarles que visiten París en barco, ya que permite una visión diferente de los principales monumentos y edificios en ambas orillas del Sena. Una caminata a lo largo de los muelles también resulta una experiencia inolvidable.


Puente Alejandro III
Se tomó la decisión de construirlo en 1896 para aliviar la gran circulación, pero sobre todo porque formaba parte del proyecto de la Exposición Universal de París. El zar Nicolás II de Rusia puso la primera piedra el 7 de octubre de 1896 en presencia del presidente francés, Félix Faure. Con ese acto se celebraba la alianza franco-rusa, mantenida ya entre el zar Alejandro III de Rusia, a quien el puente está dedicado, y el presidente Marie François Sadi Carnot. La obra se restauró completamente en 1991, aunque su aspecto no sufrió  modificación alguna. El paso se pintó de nuevo con el tinte gris original.
Es una de las primeras estructuras prefabricadas del mundo, ya que sus partes se fundieron y forjaron en Le Creusot, y fueron transportadas más tarde hasta París, donde se colocaron sobre el Sena mediante una inmensa grúa. El viaducto ostenta a lo largo de toda su extensión una profusa decoración. Las guirnaldas de conchas y de flora marina suspendidas bajo la cornisa permiten equilibrar el conjunto.

Simbolizan la alianza franco-rusa las efigies  que representan a Las Ninfas del Sena y a Las Ninfas de Neva. Treinta y dos candelabros de bronce ubicados  en las barandillas iluminan el puente. Los cuatro candelabros de los extremos aparecen más ornamentados. Dos pilastras de 17 metros de altura, tanto en la orilla norte como en la sur, sostienen caballos alados de bronce dorado erguidos sobre sus dos patas traseras. Al pie de las pilastras se alzan dos estatuas, en total cuatro, que representan la Francia de Carlomagno, la Francia Contemporánea, la Francia de Luis XIV y la Francia Renacentista. También se pueden apreciar cuatro figuras de leones.


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