El país no cuenta. Puede ser la Unión Europea o cualquiera del llamado primer mundo. La clave es su aeropuerto, sofisticado, elegante, lleno de seguridades y servicios, pero también de esperanzas y sueños que los viajeros guardan en su equipaje.
Se escucha el arribo de un avión. Los altoparlantes anuncian en diversos idiomas la llegada del último vuelo. Las maletas, los bultos, mochilas y cajas avanzan lentamente por las bandas de la sala. Frente a las ventanillas de migración los pasajeros, documento en mano, se forman en hileras. Los miembros de la Unión Europea pasan sin problemas, mientras los otros esperan.
En medio de súplicas y reclamos, un grupo de pasajeros ecuatorianos es detenido. Los guardias de migración los escoltan por largos corredores hacia un destino incierto. Van a ser deportados. Afrodita, una muchacha con lentes de contacto y pelo pintado, es la única que niega ser ecuatoriana. Cierto o no, todos ocultan algo, como Prometeo, un joven con las manos encadenadas como delincuente y un baúl de magia como equipaje, que afirma ser solo un mago escapista en busca de su número perfecto.
Sin papeles
Ninguno quiere regresar al Ecuador. Pero serán devueltos y como no hay vuelos para regresar de inmediato son encerrados en una sala de espera –sin ninguna referencia del exterior– que poco a poco se empieza a llenar de más ecuatorianos.
Así transcurre Prometeo deportado, la película escrita y dirigida por el cineasta guayaquileño Fernando Mieles que desde hace cinco semanas se empezó a rodar en la ciudad.
La sala de espera, esa en la que se conjugan los rostros de angustia, de cansancio, hambre e incertidumbre de los migrantes, se recrea con todos sus elementos dentro de un pabellón del recinto ferial de Durán. Es un set que fue diseñado y construido especialmente para el rodaje y en el que el piso reluciente, las bancas metálicas, los carritos de comida usados en el avión y el equipaje logran trasladar a quien entra a una terminal aérea.
El sitio es un hervidero. Fernando Mieles camina hacia los actores, da indicaciones, hace gestos, revisa las tomas. No es el estereotipo de director con megáfono en mano sentado en la silla de patas de madera cruzadas. De cortísima estatura y armado de jeans y zapatos deportivos, él camina. Corre. Se agacha. Toma objetos, si es necesario, para indicar qué es lo que quiere. También tiene su silla de director con nombre, pero la usa poco. Para chequear las escenas grabadas prefiere una de plástico marca nacional, porque le resulta más cómoda.
Trabaja casi pegado a Diego Falconí, el director de fotografía. Juntos confirman en cada ensayo que la imagen sea perfecta, que transmita el sentimiento plasmado en el guión hasta que finalmente se filma el cuadro final.
Los actores escuchan y toman posiciones; los extras se acomodan en las filas, avanzan y repiten su papel dos y hasta tres veces. Aunque para la mayoría es su primera película, se han habituado al trabajo en el set, en el que se cuida cada movimiento y ruido externo (para grabar se apaga incluso el aire acondicionado, se cierra la puerta del set y la enrollable exterior del pabellón de la feria).
Cada escena resuelta puede arrancar aplausos y gritos entre el equipo de producción de Prometeo, integrado por profesionales ecuatorianos y extranjeros: están Oderay Game, productora general y ejecutiva; la mexicana Bárbara Enríquez, directora de arte (Crónicas, de Sebastián Cordero); el venezolano Óscar Tello, diseñador de sets; Juan José Luzuriaga, sonidista; Anabel Arias, jefa de producción; el brasileño Sergio Gimaraes, diseñador de vestuario; Emilia Dávila, jefa de utilería, y la uruguaya Alicia Herrera, decoradora.
Es que la tarea es compleja en un filme que tiene 15 actores principales y más de 250 extras convocados de entre el público que asiste a diario a programas concurso de televisión.
“La verdad somos unas viejitas medio vagas que vamos al programa de Polo Baquerizo o ‘Chispazos’, y nos llamaron y nos dijeron que estaban cogiendo extras para una película, así que volamos para acá”, cuenta Teresa Pomadere, ama de casa de 60 años que habita en el Guasmo sur y que está desde el 19 de junio en el filme.
Como ella hay hombres y mujeres de Guayaquil, Yaguachi, Daule, Durán y de la Sierra, que proporcionan esa mezcla de regiones y culturas del país a la película. Teresa es una de las indocumentadas que está encerrada en la sala y que en medio del hacinamiento debe buscar un espacio en las llaves de los baños para bañarse y un lugar para descansar.
Ella estuvo desde las primeras filmaciones en el Centro de Convenciones Simón Bolívar, donde se recrearon las áreas de tránsito y de llegadas de migración del aeropuerto de la Unión Europea, y una oficina de investigaciones para los sospechosos de transportar droga.
En la decoración del área se aplicó una señalética especial, creada de tal manera que no sea un idioma concreto ni conocido, aunque en realidad es el mismo español escrito al revés.
Antes se hicieron escenas en el Centro Cívico y se hará una en el aeropuerto de Quito, en la zona de maletas. El resto de Prometeo se rodará en esa sala de espera donde no hay referencias del exterior ni del paso del tiempo, y donde las condiciones de vida entre los ecuatorianos empiezan a deteriorarse con la llegada de más deportados. Al comienzo se organizan, pero luego los más fuertes, con el fin de hacer dinero y poder “comprar el pase de salida”, se apoderan violentamente de la comida y la venden o cambian por los pocos bienes que los otros traen encima.
Una historia de todos
La historia les toca un poco el corazón a todas, dice Rosa Elena Cedeño, una extra de 31 años que interpreta a una migrante venezolana, porque en algunos hogares hay un espacio por alguien que se fue del país a probar suerte.
“Es una problemática muy ecuatoriana y mexicana, desde que leí el guión me pareció interesante porque tenemos los mismos problemas con EE.UU.”, dice Bárbara Enríquez, la directora de arte.
Oderay Game comenta que ese ha sido el éxito del trabajo en esta película: todo el equipo se siente identificado con el tema de la migración y se ha comprometido con la historia.
Ella se comprometió mucho antes con Prometeo, cuando Jaime Osorio, productor de las películas colombianas María llena eres de gracia y La Virgen de los sicarios, le comentó del guión de Mieles mientras dictaba un taller de producción efectuado en el Festival Iberoamericano de Cine Cero Latitud.
“Me dijo que era un guión maravilloso, así que se lo pedí a Fernando, me lo pasó, lo leí y nos conocimos. Y ya llevamos dos años que vamos adelante en esto”, dice Oderay, que produce la película junto con su productora Quatro.
La historia parte de una experiencia personal de Fernando Mieles. Fue en 1993 cuando viajó a España después de su graduación en la Escuela de Cine y TV de la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano, en San Antonio de los Baños, Cuba. Mieles fue deportado a La Habana, porque llegó a Madrid sin el pasaje de vuelta.
Oderay dice que son situaciones que ha vivido más de un ecuatoriano y que Prometeo reproduce en una sala a todo el país con su historia y vivencias. Es un viaje hacia sí mismo. Por eso se embarcó en él y sigue en esa búsqueda de auspicios y financiamiento para la película, que tiene 100 minutos de duración.
Una producción laureada
Prefiere no hablar de presupuestos, aunque este suma unos 700.000 dólares, a más de un aporte de 150.000 que acaba de obtener del programa Ibermedia, un fondo que apoya el desarrollo de la cinematografía en Iberoamérica.
La empresa privada, entre quienes figuran la Lotería, La Ganga, Cristales, Municipio y Prefectura, Centro de Convenciones Simón Bolívar, TC, Toni, El Rosado, Budget, junto al Consejo Nacional de Cine, ha sido uno de los principales respaldos de la película.
“El proyecto ganó el premio Augusto San Miguel y con la creación del Consejo Nacional de Cine (CNC) ganamos uno de los premios al mejor largometraje argumental entre otros dos. Además, el CNC nos ha permitido entrar en un proyecto de coproducción con Venezuela y aplicar al programa Ibermedia, que es la primera vez que entrega un estímulo a una película ecuatoriana”. Todos esos reconocimientos han sumado para el financiamiento del proyecto.
La cinta se filma en high definition (alta definición) y una parte será rodada con una cámara de última generación denominada RED. Además, Fernando, el director guayaco de 37 años, ganó el premio al Mejor Guión Inédito en el Festival Internacional de Cine Pobre en Gibara, Cuba, lo que le permitirá llevar la película a 35 mm para su exhibición en cines.
Ya hay un acuerdo con Supercines, con el que se hizo la campaña para recoger las 300 maletas que se emplean en el rodaje, para el estreno de la cinta en todas las salas del país. El evento está previsto para el primer semestre del próximo año, luego de que el filme participe en festivales internacionales.
El fin de la filmación se prevé para el 3 de agosto. Y eso ha puesto a correr a Fernando. Está tan metido en el rodaje que casi no tiene tiempo de fumarse su habitual habano. Ni de tomar agua. Pero está contento. Dice que el equipo es buenísimo y que están avanzando.
“Realmente es una historia coral, son muchos personajes y dentro de este coro, de este grupo, hay ciertos personajes en los que me voy centrando. Casi todos llevan la historia en ciertos momentos y uno de ellos es Prometeo”.
Está contada a partir de una situación, del espacio y de sensaciones, dice. Es su primer largometraje de ficción, luego de haber hecho tres cortos en Cuba. Y lo mejor es que está tomando forma.
“Fernando, estamos listos”, le dice el asistente de dirección. Él deja el vaso a un lado y corre de vuelta a esa sala de espera, donde más ecuatorianos como él sacan del baúl de Prometeo las esperanzas y el esfuerzo para el éxito de un filme netamente local.