Pregunta: Tengo dos hijos, una de 9 y otro de 3 años, y la mayor me acusa constantemente de que quiero más a su hermano menor que a ella. Él es un niño muy bueno y cariñoso, mientras que ella no me obedece y es grosera. Yo le he dicho que los quiero a ambos por igual, pero me dice que es mentira. ¿Qué hago para quitarle esa idea?
ÁNGELA: Cuando un niño o niña nos dice que preferimos a uno de sus hermanos y no a él o a ella es porque así lo siente, de manera que asegurarle que eso no es cierto lo único que logra es agravar más los problemas en nuestra relación.
En honor a la verdad, la gran mayoría de los padres tenemos algún hijo con el que sentimos una afinidad más especial, pero por lo general no se lo admitimos a nadie, ni siquiera a nosotros mismos pues implicaría aceptar que no queremos suficientemente a los demás.
El problema no es de mayor o menor cantidad de amor propiamente dicho. De seguro que los padres los queremos entrañablemente a todos, pero la calidad de la relación filial es diferente precisamente porque todos los hijos son distintos. Sin embargo, como los padres por lo general creemos que los tenemos que amar en la misma forma y cantidad a todos, consideramos que aceptar que no tenemos una “buena química” con alguno de ellos es como reconocer una deformación en nuestro amor maternal.
Es posible que las características de la personalidad, su simpatía, su belleza, lo cariñoso que es o cualquier otro factor, hagan que uno o ambos padres se sientan un poco más apegados a uno de sus hijos. Y como él se siente tan querido y acogido, por lo general, es adorable y formal. Pero es precisamente aquel otro u otra que no es tan bonito, o tan simpático, o tan brillante, o tan obediente (y que además se siente relegado), quien más necesita del apoyo, del cariño y de la aprobación de su mamá y su papá.
Lo grave es que en nuestro afán por negar las preferencias, los padres tratamos de justificar nuestras actitudes de rechazo señalando los defectos y las dificultades que nos causa ese hijo que nos reclama más amor. En esta forma lo único que logramos es establecerle que no es suficientemente adecuado y que es por esto que no merece tanto afecto.
Sin embargo, lo importante no es luchar contra un sentimiento innato y difícil de cambiar, o seguir justificándolo a base de señalar lo que nos desagrada de ese hijo o hija con el que tenemos mayores dificultades. Lo que necesitamos es aceptar que sentimos una preferencia por otro para estar alertas a evitar cualquier actitud que pueda herir a quien por uno u otro motivo, sentimos menos cerca de nuestros afectos. Urge que hagamos un esfuerzo consciente por demostrarle nuestro cariño precisamente porque es quien más lo necesita. Y aunque nuestras expresiones de amor sean distintas para cada hijo, la calidad y calidez del trato que les demos deben ser iguales.
Su afecto y aceptación a esa hija que le está pidiendo más amor abonará el terreno para cultivar en su corazón sentimientos positivos hacia sí misma que le hagan sentirse más a gusto consigo misma y por ende, más deseosa de complacerla a usted. Recuerde que nada logra que los niños sean más felices y adorables que sentirse muy queridos por su mamá y su papá.