Me congratulo que el Clásico, por primera vez en la historia, sea gratis, y ya es de desear que se sumen otras empresas para que los clásicos guayacos siempre sean así.
Vamos muchachos que yo soy pavo oficial, pero esto lo dejo para despuesito. Si la pavada es por el Santo Santiago está bien. Hablemos entonces de la fiesta.
Al final de los años 40 del siglo pasado el festejo por el natalicio o santo de la ciudad se lo circunscribía a una sencilla pero solemne sesión municipal. En una de esas el orador invitado fue mi abuelo y me llevó estrenando pantalones largos.
Recuerdo, eso sí, y por eso escribo, que don Modesto hablaba de varios asentamientos con sus fechas y los cabildantes, en el sentido exacto de los presentes quedaron patidifusos y confundidos. Mi abuelo sonrió con sorna y nos fuimos.
Cuando ya adulto se le agregaba a ese minúsculo festejo el desfile de la Cámara Junior que salía desde el antiguo Hotel Humboldt hasta la plaza del Centenario con carretas con candidatas a mises y pocos años después, Yela Loffredo y su incansable cofradía de Las Peñas inauguraba con pinturas y algo de folclore para, ya por los años setenta, declarar la Unción Cívica en la estatua del tuerto Orellana donde nació la última ciudad.
Ahora es un festejo grande y hermoso donde inauguran tantas obras y se revientan con espectáculos a todo sabor ¡Qué lindo! Y para rematar el esplendor tres empresas ponen el billete para que la gente asista gratis, de pavos, al Clásico del Astillero de Guayaquil.
Si se pudiera separar a los asistentes entre los que nunca han visto un Clásico de los que siempre van, yo me inclinaría por los primeros; aunque debo confesarlo, para los que siempre van pagando, la ilusión de la pavada, es un sueño realizado.
Ahora lo mío. Yo pagué mis entradas a los estadios hasta los 17 años y nunca más. Fui jugador juvenil de los dueños del estadio, posteriormente de los reservas y uno que otro de primera. Pavo oficial. Posteriormente dirigente de equipo, pavo oficial; después dirigente nacional, pavo oficial y vitalicio; y finalmente, socio vitalicio, pavo oficial. Así que de esas no me escapo. En ningún estadio del país pago entrada y ojo, yo no hice esa ley que cayó del cielo. Es lindo ser pavo. La verdad.
Entonces me congratuló que el Clásico, por primera vez en la historia, sea gratis, y ya es de desear que se sumen otras empresas para que los clásicos guayacos siempre se llenen con pavos, amén claro está, que también jueguen bien porque así como los aplauden de entrada, se pueden ganar silbatinas si no hacen honor de engreídos de la ciudad en el fútbol y los sueños de un campeonato.
Pero como hay tantos pavos y será difícil la entrada me abstengo de hacer valer mi condición de pavo oficial y lo veré por la TV con señal abierta y sin tampoco pagar un centavo, festejar el santo de Santiago de Guayaquil.
De “Guayaquil por la Patria” es la señera frase de nuestros próceres de la libertad en 1820. Pero esa es otra historia, mientras tanto, ¡viva el Clásico!, ¡viva Guayaquil!