La oficina de Edward O. Wilson, en el campus de la Universidad de Harvard, contiene la colección de hormigas más grande del mundo, casi 14.000 especies.
Wilson, contiene la emoción: acaba de descubrirse en un bosque brasileño la especie de hormiga14.001.
Las hormigas son el primer amor de Wilson, aunque es uno de los biólogos más conocidos del mundo por su impulso por crear grandes síntesis del conocimiento y su don para escribir. Mediante el poder de sus palabras, respalda la preservación de la biodiversidad del mundo y hace campaña a favor de medidas de conservación.
Aunque acaba de cumplir 79 años, está generando un torbellino de escritos que sería impresionante para alguien de la mitad de su edad. En noviembre se publicará una edición actualizada de The Superorganism, su obra enciclopédica sobre las hormigas, escrita en colaboración con Bert Hölldobler. También está atareado con la escritura de su primera novela. Además, prepara un tratado sobre las fuerzas de la evolución social, que parece probable que aplique a las personas las lecciones evidentes en las colonias de hormigas. Y se halla enfrascado en otra pelea.
Wilson no buscaba pelea en 1975, cuando publicó Sociobiology , una síntesis de ideas sobre la evolución del comportamiento social. En ella, aseguraba que muchos comportamientos humanos tenían una base genética, una idea disputada entonces por muchos científicos sociales y por marxistas encomendados a rehacer la humanidad. Wilson quedó sorprendido por lo que desencadenó, que describe como una larga campaña de agresión verbal y acoso con un sabor indiscutiblemente marxista, encabezada por dos colegas en la Universidad de Harvard, Richard C. Lewontin y Stephen Jay Gould.
La nueva pelea es una que Wilson sí buscó. Tiene que ver con un rasgo fundamental de la evolución, con un impacto considerable en los comportamientos sociales humanos.
La cuestión es el nivel al que opera la evolución. Muchos biólogos evolucionistas han sido convencidos, por obras como The Selfish Gene, de Richard Dawkins, de que el gen es el único nivel al que actúa la selección natural. Wilson, quien cambió de opinión a raíz de nuevos datos sobre la genética de las colonias de hormigas, ahora cree que la selección natural opera a muchos niveles.
Es por medio de la selección multinivel que la evolución, opina Wilson, creó los muchos genes esenciales que benefician al grupo a costa del individuo. En los humanos, podrían contarse los genes que subyacen la generosidad, los límites morales e, incluso, el comportamiento religioso.
Aunque no imposible, tales rasgos son difíciles de imputar, desde el punto de vista de que la selección natural favorece sólo los comportamientos que ayudan al individuo a sobrevivir y dejar más hijos.
El año pasado, Wilson y David Sloan Wilson, partidario de la selección al nivel de grupo, detallaron una base teórica en Quarterly Review of Biology. Sus afirmaciones provocaron una respuesta encendida de Dawkins en la revista New Scientist; los acusó de mentir en un punto menor y exigió una disculpa.