Hace 13 años Shen Wei era bailarín, coreógrafo y miembro fundador de la Compañía de Ballet Contemporáneo Guangdong, la primera de ese tipo en China. Era una estrella en ascenso en su país pero ansiaba conocer más sobre el ballet occidental de lo que podía llegar a aprender allí.
En 1995, una beca del Louis-Nikolais Dance Lab lo llevó a Nueva York, donde vive desde entonces. Actual ciudadano de Estados Unidos, retorna a su país natal como coreógrafo principal de las ceremonias de apertura de las Olimpíadas XXIX, uno de los varios artistas no residentes invitados a diseñar y montar el espectáculo de tres horas y media.
Teniendo en cuenta la reputación de aislamiento de China, la decisión de los miembros del Comité Organizador de los Juegos Olímpicos de Pekín de buscar fuera de China a artistas para la ceremonia es notable. “Me sorprendió que me invitaran a incorporarme al equipo”, dijo Shen. “Me fui de China hace mucho tiempo”.
Shen, que también es artista virtual, crea ballets que sugieren el punto de vista de un pintor. En uno de sus trabajos más famosos, Folding, sus bailarines llevan puestas largas faldas rojas, pintura facial blanca y tocados de forma cónica mientras se deslizan por todo el escenario, con los cuerpos doblados, o plegados, en múltiples direcciones.
En los momentos culminantes suben por una escalera invisible al son de cantos de los budistas tibetanos.
Sus movimientos combinan ideas orientales y occidentales, inspirados en la ópera china, las artes marciales, el Expresionismo Abstracto y el Modernismo Occidental.
A Shen se suman Mark Fisher, un diseñador escénico británico, Eiko Ishioka, diseñador de vestuario japonés y artistas de Australia, Francia y Alemania, además de China.
Shen también está actuando como asesor no oficial para miembros del comité central.
“Tienen que pensar que esto es para un público internacional”, explica.
“Los Juegos Olímpicos son en Pekín, pero eso no significa que sean de Pekín. Son de todos”.
JULIE BLOOM