El mundo recordó ayer la importancia de este ecosistema afectado actualmente por la industria.
El potente sonido de una retroexcavadora interrumpe el silencio que embarga el bosque de manglar en el archipiélago de Jambelí. Su ruidosa operación hace casi imposible identificar el canto de las aves que vuelan y se esconden entre los árboles que conforman este ecosistema.
Incluso, el trabajo de la maquinaria no causa sorpresa entre un grupo de pescadores artesanales de la provincia de El Oro que recorre la zona. Para ellos no hay dudas de que se trata de labores de expansión de alguna camaronera.
Con el propósito de identificarlo, se internan con su embarcación en uno de los ramales del estero Santa Rosa. En menos de cinco minutos llegan al sitio y comprueban la tala de unos 300 metros cuadrados de mangle y a un grupo de trabajadores que buscan quemar los árboles ya sin vida.
Escenas como esta, dicen los pescadores artesanales, se repiten regularmente en Jambelí, a pesar de los mensajes que se transmiten entre la población sobre la importancia de este recurso natural.
La escena del archipiélago se registró el último martes de julio, en la misma semana que el mundo celebra el Día internacional por la defensa del ecosistema de manglar, fijado el 26 de julio (ayer), a propósito del aniversario de la muerte del asiático Hayhow Daniel Nanoto, defensor de este ecosistema. Él falleció en 1998 mientras participaba en una jornada de reforestación de esta especie.
El manglar beneficia a las poblaciones humanas a través de la regulación del clima, la disponibilidad de abastecimiento de agua, control de la erosión, tratamiento de residuos, la producción de alimentos e -incluso- la recreación.
Luis Cacao y Silvino Cruz, dirigentes de los pescadores artesanales de El Oro, ven con preocupación la tala de manglar. “No hay suficiente control de las autoridades, no hay patrullajes”, coinciden ambos, antes de anotar que a medida que se destruye el manglar, los cangrejeros y concheros pierden la principal fuente de su trabajo.
Aunque un estudio del Programa de Manejo de Recursos Costeros (PMRC) realizado en la zona estuarina de las provincias del Litoral, demuestra una leve recuperación del recurso, en los últimos ocho años, la tala de mangle no ha cesado.
De eso están convencidos los pescadores artesanales que recorren a diario la zona y representantes de organizaciones ambientales que han analizado la situación.
Raúl Carvajal, gerente de Fundación Natura, capítulo Guayaquil, sostiene que el problema básico se da en la falta de aplicación de sanciones ante este tipo de delito. “La ley existe, pero falta aplicarla”.
Según el artículo 81 de la legislación ambiental, quienes dañen un ecosistema de manglar deberán ser sancionados con el 100% del costo de reparación de los daños. Mientras el Código Penal establece prisión de 2 a 4 años para quienes cometan esta clase de delitos.
Según el Texto Unificado de la Legislación Ambiental, no está permitida actualmente la concesión o compra de área de manglar para usos comerciales, como las labores de las camaroneras; sin embargo, en la práctica, este tipo de negocios se siguen ampliando, especialmente en El Oro.
El mismo cuerpo legal determina que el costo de una hectárea de manglar es de $ 13.000, considerando la pérdida de bienes y servicios de este recurso. “Es una cifra que debe ser revisada”, dice Raúl Carvajal.
Esta semana, un grupo de científicos internacionales expuso al mundo el resultado de un estudio hecho publico por el Instituto de Oceanografía de la Universidad de California sobre el valor anual del capital natural de una hectárea de manglar, establecido en $ 700.000.
Los investigadores, respaldados por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (Pnuma) llegaron a sus resultados a través de una combinación de estudios de campo, análisis geográfico y valoraciones económicas.
Según el autor principal de la investigación, Octavio Aburto Oropeza, del Centro de Biodiversidad Marina y Conservación, es común que los manglares sean valorados por el monto de la pesca que originan sin considerar otros aspectos.
Los pescadores que regularmente recorren el archipiélago de Jambelí ya han perdido la fe en las autoridades. Ya no quieren denunciar los delitos, pues dicen- hasta el año pasado lo intentaron decenas de veces, pero “no hubo resultados”.
“No hay respeto ni para la ministra de Ambiente (Marcela Aguiñaga)”, manifiesta Colón Cruz, mientras señala el lugar que visitó la secretaria de Estado hace un mes para ordenar la demolición de muros de las camaroneras, pero que se levantaron casi inmediatamente.
Estadísticas
Hace 20 años, 175 mil hectáreas conformaban la zona de manglar en territorio ecuatoriano. Actualmente la cifra bordea las 149 mil hectáreas, una reducción del 16% de este recurso.
Importancia
La conservación del manglar es vital para el equilibrio de los ecosistemas del mundo, pues es considerado un excelente retenedor y acumulador de sedimentos y metales pesados.