Sábado 26 de julio del 2008 Música

Merengue y salsa para urbe

Wilfrido Vargas y Willie Colón en shows gratuitos

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El merenguero dominicano Wilfrido Vargas y su orquesta, que también integra su hija Alina (c), quien interpretó algunos temas en el show que brindaron en el parque de la ciudadela Coviem.

Los cantantes  protagonizaron conciertos en el parque de la ciudadela Coviem, al sur de la ciudad, y en la avenida Francisco de Orellana, a la altura de Los Tres Cerritos al norte de la urbe.

El merengue de Wilfrido Vargas y la salsa de Willie Colón sonaron el pasado jueves en los conciertos gratuitos que se ofrecieron en el parque de la ciudadela Coviem, al sur de la ciudad, y Los Tres Cerritos, al norte, respectivamente.

En el sur, cuando el reloj marcó las 23:40, el sonido de las trompetas y saxofones entonados por los músicos de la orquesta del dominicano Wilfrido Vargas arrancó los gritos del público que se congregó en el sitio desde las 20:00.

Una de las estrofas del merengue El africano, que se alargó casi 5 minutos, dio la bienvenida al escenario, primero a Alina Vargas, hija del merenguero. Ella empezó a bailar junto al resto de coristas en medio de los gritos de los asistentes que no paraban de exclamar “¡Wilfrido, te queremos, Wilfrido!”.

Luego, con una trompeta en la mano, el merenguero hizo su aparición y las miles de personas que acudieron al espectáculo gritaron eufóricas.

El concierto, organizado por el Municipio de Guayaquil, contó además con la presencia del alcalde Jaime Nebot, quien antecedió a la presentación del músico dominicano, para desear a los guayaquileños unas felices fiestas julianas.

Ya en el escenario, que contó con juego de luces, cámaras de humo y dos pantallas gigantes (una a cada lado), Vargas y Alina interactuaron con la audiencia y compartieron canciones como El jardinero, Comején, Abusadora, La medicina, El loco y la luna, Tu Brujería, El baile del perrito, Por la plata baila el mono y Volveré. El show duró más de dos horas.

Antes de la presentación de Wilfrido Vargas, a la improvisada tarima subieron varios artistas nacionales. Entre ellos, Leonardo Kike Vega, Cecilio Alba, Juanita del Valle, Máximo Escaleras, Sueño Azul y la orquesta La Tremenda.

Salsa en el norte
En el sector de Los Tres Cerritos, la gente gozó con la sazón de Willie Colón. Llegó a corear y bailar con sus historias urbanas tan escuchadas y vividas.

Un poco después de las 21:00, el grupo Caoba se instaló en la tarima con temas tropicales y pasillos salseados como Guayaquileño madera de rumbero. Pero, como reza la canción, las calles son una selva de cemento. Para matizar la espera: humeantes carretas ofrecían chuzos y canguil saladito, así como la refrescante cerveza.

Y claro ese espumoso líquido no desamparó a Anita Díaz ni a sus compañeros de trabajo que hicieron “vaca” para comprar media jaba. “Estamos hechos: Correa nos trae a Willie y el domingo hay Clásico gratis por Nebot”, dijo uno del grupo que hizo rotar un vaso rabioso e indagó cual encuestador: ¿Gana el Sí o el No?”.

No obstante, la gente se disparó por otro patín: “Gana Guayaquil”, unos. “El domingo el Ídolo golea”, dijeron otros. “Les pintamos de azul el Monumental”, amenazaron los emelecistas. Y se cruzaron apuestas y pronósticos mientras todos aguardaban al Malo del Bronx. Se especulaba que primero debía arribar el presidente Correa, pero nunca llegó.

A las 22:50, la banda Legal Alien soltó los fierros para marcar su swing.  Pisando fuerte ingresó Willie Colón –traje oscuro, camisa blanca, corbata y pañuelo amarillo, bastante gordo y sin cara de malo-. Vivas y aplausos. Y como si estuviera en su barrio, se plantó en la tarima e hizo sonar su trombón. Fue cuando a la noche del jueves a Guayaquil le cayó su salsa.

El artista dijo entonces que era un privilegio estar como invitado en las fiestas julianas y que: “La salsa es la música del barrio, de la calle, de la esquina, del pueblo”. Es cuando empezó a sonar y caminar por esos rumbos su marginal Juanito Alimaña. Al calor del guaracheo, la gente a gritos pidió Gitana y muchos otros temas más. Ese jueves la gente bailó y saboreó salsa hasta que la noche dijo: Ay na‘má.

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