En estos días Guayaquil ha oído muchas declaraciones de amor, tantas que parecía una competencia que ha llevado a ofrecer espectáculos y proyectos de distinta índole.
Pero hay un dicho: “Obras son amores y no buenas razones”, y probablemente no se refiere solo a obras materiales sino más bien a la manera de obrar.
La Corporación para la Seguridad Ciudadana de Guayaquil inauguró la sede de la Central de atención y despacho de llamadas de emergencia y registro de antecedentes penales. Este proyecto fue concebido como fundamental por la Corporación cuando se trazó su programa, en la época en que la Policía Nacional formaba parte de ella y los guayaquileños veíamos en la acción coordinada de varias instituciones una garantía de cumplimiento de las acciones propuestas para mejorar las condiciones de seguridad de la ciudad.
Hoy la Central es una realidad, pero la circunstancia es otra. Según conocemos por los medios de comunicación, la Policía, que se separó de la Corporación, ha decidido no participar en la Central y mantener simultáneamente su línea 101. Más allá de que esto significa duplicar esfuerzos y gastos, esperamos que Pacifictel sí active el 112, que permitirá a la Central transferir a la Policía las llamadas de emergencia. Y lo esperamos porque la ciudad ha recibido muchas declaraciones de amor y de preocupación por ella de parte del Gobierno, y eso para los guayaquileños significa que se coordinen esfuerzos para solucionar los problemas que la aquejan. Si la ciudad hace lo suyo, concibe respuestas, invierte en ellas, tiene derecho a esperar la acogida y colaboración de las instancias estatales.
Lo contrario acentuaría la impresión de que, en realidad, han convertido a Guayaquil en un inmenso ring donde pretenden con distintas armas ganar el favor de la ciudadanía, aun debilitando la unidad que es necesaria para responder a algunos retos.
Los guayaquileños somos gente generosa, acogedora, emprendedora, pacífica e intuitiva. La historia no muy lejana nos enseñó a distinguir a quienes trabajan por la ciudad y a quienes la utilizan buscando otros fines con el disfraz de la oferta y la atención. Esperamos que las diferencias políticas, el afán de los nuevos líderes de borrar todo el pasado, no perjudiquen a la ciudad.
Si se hizo un inmenso esfuerzo para lograr algo que será muy importante para la solución a uno de los problemas más graves, tenemos derecho a esperar que el compromiso antes contraído por la Policía se mantenga, más allá de los cambios circunstanciales.
Obras son amores…