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| LOS PROTAGONISTAS |
Ellos y sus familias creyeron en el centro de la ciudad. Con esfuerzo invirtieron y con tenacidad sacaron adelante sus negocios.
Sus locales han evolucionado a la par de la zona. Algunos se han renovado o ampliado para dar mejor servicio a sus clientes. Pero lo que no ha cambiado son las ofertas y la diversidad de productos. “Aquí hay de todo, para todos, y mucho más barato”, coinciden.
Muchos son guayaquileños de nacimiento, pero otros llegaron de diversas provincias del país o del exterior. Sin embargo, todos aseguran que están fuertemente comprometidos con el comercio porteño. Es que son sus protagonistas.
“Todos los negocios del centro son parte clave del desarrollo de toda la ciudad”, explica Carlos Ramírez, propietario de la Panadería California.
Su argumento coincide con la historia del almacén G&G Jeans. “Iniciamos en el Malecón y ese local nos dio el impulso para abrir sucursales en el resto de la ciudad”, afirma Cristian Galarza, su dueño.
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| ‘De aquí no me voy’ |
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Aunque no nació aquí, Marthita Castillo de Yépez es una enamorada confesa del centro. Desde que tenía un año de edad su familia se trasladó a Guayaquil y puso una joyería en el casco comercial. “Desde muy pequeña me gustaba el negocio de mi padre y los iba a ayudar todos los días al salir del colegio”.
Cuando cumplió 32 años se casó y retomó el negocio familiar por su cuenta. En García Avilés, entre Clemente Ballén y Aguirre, puso su primera joyería Marthita, una de las más tradicionales de la ciudad. Hoy, aunque tiene locales en varios centros comerciales, dice que “del centro no me iré nunca. Yo conozco al señor que lustra los zapatos, al que barre las calles, al que vende las frutas. Yo soy amiga de todos y los conozco a todos”.
Para ella, el servicio personalizado que los locales del centro ofrecen es lo que hace que los clientes regresen cada vez. “Aquí los dueños atienden sus negocios en la mayoría de los casos y por eso se preocupan de dar el mejor servicio y que los consumidores siempre se vayan satisfechos”. | | | |
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| ‘Para vivir y trabajar’ |
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Hace 9 años, Carlos Benavides Riofrío se apoderó del centro de Guayaquil. Este quiteño llegó a la ciudad por trabajo cuando Comandato le ofreció un buen puesto en uno de sus almacenes clave: aquel ubicado en la esquina 9 de Octubre y García Avilés. El reto fue tal que aceptó y hasta se instaló a vivir con su familia en el centro porteño.
“Aquí he podido conocer gente afectiva y respetuosa”, dice el gerente de Multi-Comandato, el renovado edificio que está en plena ruta de los electrodomésticos. Asegura que la ciudad lo acogió y ahora tiene acento porteño. “Vivir en el centro es tener todo a su alcance, sin necesidad de coger taxi para moverse a otro sector de la urbe”.
Estar tan cerca de la esencia comercial guayaquileña le ha dado muchas anécdotas. “Por el Día de la Madre entregamos un juego de ollas a una señora. Seguramente la llama de su hornilla estuvo mal calibrada y le hizo negras las ollas. Ella volvió al almacén muy enojada, y me lanzó las ollas sobre el escritorio”. Como el cliente siempre debe ser bien atendido, Benavides la compensó con un nuevo juego de ollas y le dio un bono de descuento para una compra futura. | | | |
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| ‘Aquí nace todo’ |
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Colocarse como un negocio formal dentro de una zona “informal” -como La Bahía- ha sido siempre el norte de la Importadora Jarrín.
Es por esta razón que ha sido un reto mantenerse como líderes en ventas de electrodomésticos en su local ubicado en Malecón y Olmedo. Para Haldo Jarrín, propietario del almacén, el centro no ha perdido su poder comercial.
“El consumo en el norte de la urbe ha aumentado por motivos de infraestructura y parqueos, sin embargo, aquí la afluencia de gente no disminuye.
Definitivamente el centro se mantiene activo”. | | | | |
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| ‘Esquina llena de fiesta y color’ |
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Luis Enrique Terán Parada aún era un niño cuando sus padres decidieron abrir un local en el centro. Fue hace 45 años, cuando muchos almacenes de la zona se limitaban a vender juguetes. No había un sitio que ofreciera todo lo que una fiesta de cumpleaños requería: globos, serpentinas, pitos, sorpresas, gorros, guirnaldas, velitas...
Julio Terán y su esposa Mariana Parada encontraron en esa necesidad una oportunidad de negocio y abrieron La Raspa. Una canción mexicana inspiró el nombre del local que logró convertirse en el ícono de las matinés.
En los programas de televisión de Tiko Tiko y el Tío Johny promocionaban la tienda, que hoy está bajo la administración de Luis Enrique Terán. “A mi hermano Pepe le pusieron de apodo Tiko Tiko, porque salíamos en las propagandas”, recuerda entre risas.
La lista de productos creció rápidamente. Ya no eran solo artículos para cumpleaños, también había de todo para matrimonios, primera comunión, graduación. “Mi mamá cosía disfraces para mis primas, y decidió confeccionar algunos modelos para venderlos en el negocio”, dice con emoción.
Tal era el atractivo de La Raspa, que atrajo a decenas de payasos que -con un álbum de fotos bajo el brazo- ofrecen sus graciosos servicios de animación.
Hoy, en la misma esquina de siempre, en Boyacá y Clemente Ballén, La Raspa es toda una tradición. Ofrece más de 150 modelos de disfraces y 7.000 productos. variados; todo para que una fiesta sea inolvidable. | | | |
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| ‘Regeneración incentivó el comercio’ |
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Cuando iban de paso a Argentina desde Colombia, Guayaquil y su vida comercial atrapó a los fundadores de TÍA.
La urbe era perfecta para abrir una tienda y luego de varios contactos inauguraron su primer local, en pleno centro, hace 48 años.
El colombiano Ignacio Sanabria Díaz, presidente del Directorio, recuerda que la calle Chimborazo era un corredor que unía el sur con el norte, y por eso “decidimos estar aquí (en esa calle) y empezar el reto”.
Entonces construyeron el edificio que aún alberga a la matriz de la empresa que ha crecido en todo el país. Él afirma que el centro ha vivido una renovación con la regeneración urbana que “es admirada por ecuatorianos y todo aquel que la visita.
Aquí renació la esperanza. Es muy agradable caminar por sus calles y eso genera mayor afluencia de personas que vienen a comprar”.
Además, “hay opciones de compra que no las encuentra en otro sitio. Las ofertas son variadas y a buenos precios, basta con tener paciencia y saber buscar”. Es que “el guayaquileño tiene una manera particular de comprar y hacer negocios”. | | | | | |