- JUL. 25, 2008 - Foto - Cultura - EL UNIVERSO
Vistas desde el cerro, de Pamela Cevallos, obra que obtuvo el tercer premio del Salón de Julio Fundación de Guayaquil.
Tumbado, de Stéfano Rubira, ganó mención.
Los ocho yoes que desconocía o las múltiples lecturas de mí mismo y mi persona, de René Ponce, recibió mención.
Se ha premiado obras que tienen consistencia formal y conceptual, dicen los encargados de la elección.
El colombiano Jaime Cerón, integrante del jurado del Salón de Julio Fundación de Guayaquil, quien ha intervenido como juez del certamen en anteriores ocasiones, comenta que la primera vez que vino se dio cuenta de que la contundencia que los artistas deseaban imprimir a su obra se manifestaba haciendo trabajos muy grandes. “Eran enormes”, recuerda.
Señala que en esta edición del Salón los artistas han tratado de volverse contundentes siendo sutiles y tratando de tender diálogos con el espectador. Esa posibilidad de que el espectador, de que el ciudadano pueda conectar con las obras su propia experiencia del mundo, a él y a los demás jueces les parece relevante y –señala– constituyó un elemento de juicio al momento de otorgar los premios.
“No es suficiente tener como criterio de calidad lo universal, sino que ese valor per se de una obra se matiza por la relación que tiene esta con un contexto dado: qué lee, cómo lee y en qué dirección lee eso que tiene como realidad inmediata”, dice.
Por eso considera importante la inclusión de dos jurados nacionales (Larissa Marangoni y Alejandro Elías) en el grupo de jueces integrado, además, por él; Valia Garzón, de Cuba, y Victoria Vrljiack, de Argentina.
“Los jurados nacionales contextualizaron el por qué una temática es importante en este momento”, asegura Victoria Vrljicak. “La mayoría de las obras que han quedado seleccionadas tienen fuerza cada una per se, pero están cruzadas por ideas fuertes y, en ese sentido, son muy interesantes”.
Cita, por ejemplo, a la obra ganadora del primer lugar, Los que se fueron (de Geovanny Verdezoto), que trata el tema de la migración. “El segundo premio (Calores sobre la degradación, de Pedro Jaime Gavilanes) es una obra de trapitos recogidos de los betuneros, pero es una belleza como está exhibida. El artista trae algo de la calle y lo revaloriza. Es una manera de otorgarle dignidad a un trabajo que es de los menos valorados”, refiere.
Larissa Marangoni acota que en las obras premiadas hay un contexto y un contenido. Y, además, son sugerentes. “Esa búsqueda de la abstracción de la información, que se puede volver poética, se ha generado acá”, dice. Cree que la situación del migrante se expone, pero no de una manera tan explícita y eso lo considera un acierto. “Había obras del aborto, de la homosexualidad, pero eran demasiado obvias”, refiere. Del tercer premio (Vistas desde el cerro, de Pamela Cevallos) dice que es un redescubrimiento del paisajismo. Al Salón de Julio llegaron 170 obras y fueron aceptadas 21 –que son las que se exhiben en la exposición que tenía previsto inaugurarse anoche–, de entre las cuales el jurado escogió a las ganadoras.
Cerón destaca que mirando algunas obras del Salón se nota que entre los participantes, que además son muy jóvenes, hay formación artística. “Hay bagaje histórico, no son obras ingenuas, están amparadas históricamente y eso habla muy bien”. Pero también señala que hubo trabajos incipientes, que se plantean preguntas que no son tan relevantes para esta época y que ya están resueltas.
Valia Garzón dice que hubo unanimidad al momento de escoger a los ganadores. “Todos estuvimos con criterios consensuados desde el principio. Las obras hablaban por sí solas”, señala. Sostiene que valoraron la fuerza de la obra, el impacto que posee la pieza y el alcance que tiene desde el punto de vista conceptual y formal.
Afirma que ningún artista debería sentirse incómodo por no ser premiado. “Que haya sido escogido entre 170 obras y que pertenezca a una selección de 21 ya es un premio, un reconocimiento a su trabajo”, dice.
Alejandro Elías, el director de la Asociación Cultural Las Peñas, que integró el jurado del Salón de Julio, dice que al principio se sintió un tanto desubicado. “Cuando me convocaron me dije qué hago yo con esos curadores que son tan contemporáneos”, cuenta. Pero pronto se integró y califica la experiencia, que es muy interesante. “De las 170 obras enviadas, las 21 escogidas eran las mejores”, sostiene contundente.
BREVES
ABIERTO
El Salón de Julio Fundación de Guayaquil se exhibe en el Museo Municipal (Sucre entre Chile y Pedro Carbo). Estará abierto hasta el 30 de septiembre próximo y la entrada es gratuita. Puede visitarse de martes a sábado, de 09:00 a 17:30. Hoy atiende al público.
EL DIRECTOR
El director del Salón es el cuencano René Cardoso. “Mi trabajo ha sido de acompañamiento al jurado, a los artistas”, señala. Dice que el evento tiene un alto nivel de contemporaneidad.