viernes 25 de julio del 2008 Columnistas

Fernando Balsecafbalseca59@hotmail.com

A solas

Impresiona la inagotable capacidad del presidente Rafael Correa de estar trabajando por todas partes. No pierde ni una sola ocasión para captar el favor popular, incluso recurriendo a efectos publicitarios de los políticos de épocas pasadas, como el hecho de obtener su cédula de identidad en 20 minutos (¡obvio!) en la inauguración de las nuevas dependencias del Registro Civil en Quito. Lo ideal, entonces, es que no existan abismos entre el discurso y la práctica. La literatura enseña que uno de los elementos clave del buen gobierno es la sapiencia expresada en las palabras y las acciones de los líderes, aquella sabiduría que se macera con el tiempo, la observación, la reflexión, el estudio, el silencio: con el acto de estar a solas con uno mismo.

Por eso debería ser una política de Estado el obligado descanso del mandatario porque la sabiduría únicamente llega en solitario y como resultado de una intensa y paciente experiencia de lectura. ¿Lee el presidente Correa? ¿Qué lee? ¿Qué le dan para leer? ¿Tiene oportunidad de vérselas consigo a través de las voces serenas que surgen de los libros? No me estoy refiriendo a la ñoñería en que se metió Jamil Mahuad, en la que más importaba el encierro de la meditación que los millones de ciudadanos a quienes representaba. Hablo de prevenir la erosión de la persona que encarna el poder cuando disputa con acritud las tesis y propuestas de sus contrarios. Y esto poco tiene que ver con encuestas y sondeos de opinión: al Ecuador le afectaría un gobernante desgastado que cada día tenga menos que decir.

Pero si se impone el retintín de ataques y achaques, perderemos una jornada como comunidad civilizada. La revolución se la hace haciéndola y no mentándola. Pero el Gobierno no es revolucionario, y nadie exige un supuesto carácter socialista sino que se demanda recuperar la preciosa noción de concretar modificaciones fundamentales. Las amanecidas de la Asamblea Constituyente evidencian que muy poca sustancia se ha cambiado en la imagen que se proyecta desde el poder; de otro lado, también es cierto que ningún Presidente ha pernoctado en el Guasmo, ¿pero esto no pertenecía al ámbito de lo privado? ¿No hay nadie que, con sagacidad y humildad, le insista al mandatario que esas visitas, si el gesto es sincero, deben mantenerse fuera del espectáculo y de la agenda pública? No es imposible impedir que se divulguen algunos movimientos del Presidente, justamente para evitar que actúe para las cámaras y la multitud.

Siempre he tratado de escuchar las cadenas sabatinas. Me han parecido un modo distinto de rendir cuentas, pero se están volviendo repetitivas: están llenas de las burlas y sornas que ya han sido proferidas durante la semana. El Presidente debe cuidar su salud y mente porque en él se han atesorado los anhelos de conquistar un mejor futuro. Debe estar más con él mismo, a solas, con su familia, excluyendo momentáneamente la política de su vida con el fin de destinar la máxima energía a la tarea transformadora. Reasumir la campaña de la amabilidad del Vicepresidente –que ya nadie recuerda y peor practica– es un imperativo ético. Hemos elegido a un mandatario que gobierne para la gente más necesitada y no para el relumbrón propagandístico.
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