viernes 25 de julio del 2008 Columnistas

Nicholas D. Kristof

Hacen falta escuelas, no misiles

EE. UU. |

Cada misil Tomahawk que Estados Unidos dispara en Afganistán cuesta al menos 500.000 dólares. Eso basta para que grupos de ayuda local construyan más de 20 escuelas, y resultaría más probable que, en el largo plazo, esas escuelas hicieran más por la destrucción del talibán.

Desde el 11 de septiembre del 2001, los occidentales han probado dos enfoques para el combate del terrorismo en Pakistán: el del presidente Bush y el de Greg Mortenson.

Bush se ha concentrado en la fuerza militar y ha suministrado más de 10.000 millones de dólares –una suma extraordinaria en la esfera de la ayuda humanitaria– al gobierno sumamente impopular del presidente paquistaní Pervez Musharraf. Este enfoque ha fallado: las repercusiones han sido la radicalización de las áreas tribales de Pakistán, mismas que ahora impulsan y a terroristas de formas que nunca lo hicieron antes del 11 de septiembre.

Mortenson, hombre genial, de apariencia anticuada, de Montana, asume un enfoque diametralmente opuesto, y ha gastado menos de una diezmilésima parte que la administración Bush. Él construye escuelas en áreas aisladas de Pakistán y Afganistán, trabajando estrechamente con clérigos musulmanes e incluso rezando con ellos, a veces.

Lo único que Mortenson hace estallar son las enormes rocas que caen sobre remotos caminos y obstruyen el acceso a sus escuelas.

Mortenson se ha convertido en una leyenda en la región, a grado tal que su imagen a veces pende de un talismán de espejos retrovisores, y su trabajo también ha tocado una fibra sensible en Estados Unidos. Su soberbio libro, Tres tazas de té, fue publicado en el 2006 y, al principio, no recibió buenas críticas por parte de la mayoría de los diarios más prominentes. Sin embargo, de boca en boca, el libro se convirtió en una sensación editorial: ha pasado las últimas 74 semanas en la lista de los mejor vendidos en su edición con cubiertas de papel, regularmente en el primer lugar.

Ahora, Mortenson está rechazando varias docenas de ofertas fílmicas. “Me preocupa que una película pusiera en peligro el bienestar de nuestros estudiantes”, explica.

Mortenson encontró su llamado en 1993 tras un fallido intento de escalar el pico K2 en los Himalayas, y regresó a trompicones, débil, hasta una pobre aldea musulmana. Los campesinos lo cuidaron hasta que recuperó la salud, y él les prometió pagarles con la construcción de una escuela para la comunidad.

Reunir los fondos fue toda una pesadilla: sus 580 cartas para recaudar fondos, dirigidas a personas prominentes, generaron un solo cheque, de Tom Brokaw (periodista de la NBC) –y Mortenson terminó vendiendo su amado equipo de alpinismo... y su automóvil–. Pero, una vez que terminó la construcción de la escuela, él siguió yendo. Ahora, su grupo de ayuda, el Instituto de Asia Central, tiene 74 escuelas operando. Su enfoque está en la educación de las niñas.

A fin de llegar a la escuela, los pobladores deben suministrar la tierra y la mano de obra para garantizar una “compra” local, y hasta ahora el talibán no ha molestado a sus escuelas. Una turba antiestadounidense causó destrozos a lo largo de Baharak, en Afganistán, atacando a grupos de ayuda, pero se detuvo ante la escuela que los pobladores acababan de construir con Mortenson. “Esta es nuestra escuela”, decidieron los líderes de la turba, y la dejaron intacta.

Mortenson ha tenido retrocesos, incluido un secuestro durante ocho días en la salvaje región de Waziristán, en Pakistán.

Sería ingenuo pensar que unas cuantas docenas de escuelas revertirán la marea en Afganistán o Pakistán.

De cualquier forma, él nota que el talibán recluta a pobres y analfabetas, y también arguye que cuando las mujeres son educadas, es más probable que contengan a sus hijos varones. Cinco de sus profesores son ex talibán, y él dice que fueron sus madres quienes los convencieron de abandonar al grupo; esta es una de las razones por las cuales él alberga gran pasión por la educación de las niñas.

Así que yo tengo esta fantasía: supongan que Estados Unidos se concentrara menos en hacer estallar cosas en las áreas tribales de Pakistán y más en el trabajo a través de grupos locales de ayuda para construir escuelas, eliminando simultáneamente los aranceles sobre exportaciones manufacturadas de Pakistán y Afganistán. No habría una remuneración inmediata, pero si Pakistán está mejor educado y su economía es más vibrante, probablemente resista mejor el extremismo.

“Las escuelas son un resultado más efectivo en proporción a lo invertido que los misiles o perseguir a unos cuantos talibán por todo el país”, dice Mortenson, quien es veterano del Ejército estadounidense.

Cada misil Tomahawk que Estados Unidos dispara en Afganistán cuesta al menos 500.000 dólares. Eso basta para que grupos de ayuda local construyan más de 20 escuelas, y resultaría más probable que, en el largo plazo, esas escuelas hicieran más por la destrucción del talibán.

El Pentágono, que cuenta con una apreciación mucho mejor de los límites del poderío militar que la administración Bush de manera integral, ordenó un gran número de copias de  Tres tazas de té  e invitó a Mortenson para que hablara.

“Estoy convencido de que la solución en el largo plazo al terrorismo en general, y específicamente en Afganistán, está en la educación”, dijo el teniente coronel Christopher Kolenda, quien trabaja en las líneas del frente en Afganistán, en un mensaje de correo electrónico, en el cual hablaba maravillas del trabajo de Mortenson. “El conflicto aquí no se ganará con bombas, sino con libros ... Aquí, la sed de educación es palpable”.

La fuerza militar resulta esencial en Afganistán para el combate del talibán (hermandad). Pero, con el paso del tiempo, en Pakistán y Afganistán por igual, el mejor tónico en contra del fundamentalismo de militancia será la educación y la oportunidad económica.

Así que un habitante de Montana que se hospeda en las posadas más baratas ha hecho más por lograr el avance de los intereses de Estados Unidos en la región que la totalidad del aparato militar y de política exterior de la administración Bush.

© The New York Times News Service.

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