Viernes 25 de julio del 2008 El Gran Guayaquil

Su vida es labrar madera

Oficios de antaño de Guayaquil

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Francisco Proaño dice que seguirá en el oficio de tornería en madera junto con su hermano Ramón hasta cuando Dios se lo quiera llevar.

Francisco Proaño lleva más de 60 años dando forma a trompos y otros objetos.

Francisco Joaquín Proaño Ramírez, de 74 años, se emociona al recordar la época en que el trompo era el juguete preferido de los niños. La demanda crecía en invierno cuando los chicos estaban de vacaciones y eso representaba trabajo no solo para él sino para su padre Ramón y sus cinco hermanos.

“Hacíamos entre 200 a 300 trompos por día”, comenta Proaño sonriente al memorar los buenos tiempos en el taller de tornería de madera de su padre, quien –según dice– fue traído de pequeño a Guayaquil por una caravana que lo robó en Machachi.

Marco Herrera Mora (fallecido), dueño de la ferretería ubicada en las calles Santa Elena entre Febres Cordero y Cuenca, era el mayor cliente. Los trompos se vendían por gruesa (144 piezas cada una) que costaba 80 sucres.

“Como en invierno no había mucho trabajo nosotros suplíamos esta falta con la elaboración de este juguete, que nos servía para comer y pagar los 200 sucres del arriendo mensual del taller ubicado en Febres Cordero entre Chile y Eloy Alfaro”, manifiesta Proaño, que labora hace más de 40 años junto con su hermano Ramón, de 72 años, en un pequeño taller de tornería en madera, ubicado la Novena y Febres Cordero.

“Elaboramos todo lo que es redondo. Cabos de futbolín, patas, perillas, bocines para embarcaciones, balaustres, pilarotes o camarones (bases para escaleras)”, dice Proaño sentado sobre uno de los tres tornos que heredó de su padre.

Ambos hermanos recuerdan que cuando tenían 5 años su progenitor los llevaba al taller donde laboraba y los ponía a lijar madera, sacar basura o hacer algún oficio.

“Procura el trabajo, no desperdicies tu tiempo”. Esas eran las palabras que Proaño aún recuerda que repetía don Ramón, que vivió 108 años.

“Mi padre aprendió por iniciativa propia. Hacía embarcaciones de madera, pero lo que más le gustó fue la tornería. Manejaba los tornos con pedal y después se compró estos”, comenta al señalar las máquinas que aún funcionan y que de acuerdo a sus cálculos tienen más de cien años.

Precisamente en una de ellas confeccionó el pasado martes en menos de un minuto dos trompos. Provisto de una pata de cabra, gubia, formol, trinche y punto y con unos lentes protectores demostró su agilidad que adquirió con los años.

Mientras la emisora 100.5 AM emitía, de una vieja radio, una música romántica el trozo de madera se convirtió en ese juguete que los dos artesanos también disfrutaron de chicos.

Proaño lo hizo girar sobre un tablero al tiempo que expresaba que en sus tiempos mozos lo movía hasta en lanzadera.

Ahora, agrega, la elaboración de trompos no es rentable porque la gente quiere pagar barato sin valorar el trabajo. “El producto lo traen de la Sierra o del Perú”, comenta al indicar que aún lo confeccionan pero solo si es por pedido.

Los Proaño coinciden en que la demanda en su oficio bajó hace diez años, justo cuando se mudaron al local donde hoy están instalados.

Señalan que el mercado chino reemplazó los juguetes de madera por los de plástico y los muebles importados relegó el arte de los ebanistas que solicitaban a los torneros de madera como ellos sus trabajos. Además, dicen, antes las casas para la decoración de las escaleras, por ejemplo, usaban los llamados pilarotes.

Hoy el trabajo está escaso. En su taller esperan que “caiga” algún cliente. Los pocos que llegan son maestros viejos que ya conocen su trabajo.

Pese a ello aseguran que seguirán en este oficio, pues les ha dado la satisfacción a ambos de ver formados a sus hijos. “Para vivir no se necesita de riqueza, uno modestamente puede vivir sin necesidad de estar en un gobierno de turno aruñando el billete que es del pueblo”, reflexiona Proaño, padre de 6 hijas, ocho nietos y tres bisnietos.

MÁS DATOS: De antaño

Tradición
La familia Proaño se ha dedicado por años al oficio de tornería en madera.

Juguetes
En invierno era la época de mayor demanda. El trompo costaba por unidad 3 sucres y cada yoyó se vendía a 5 centavos de sucre.

Local
El taller de Francisco y Ramón funciona en la Novena y Febres Cordero.

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