Viernes 25 de julio del 2008 El Gran Guayaquil

La gesta naval de Jambelí

Diario El Universo

Hace exactamente 60 años el cañonero Calderón escribió una de las páginas más brillantes no solo de la Armada Nacional, sino de la patria en general.

Eran los aciagos días de la premeditada invasión peruana de julio de 1941, cuando el aguerrido temple del marino ecuatoriano castigó un acto más de la prepotencia bélica del vecino país, que incursionó con sus poderosas naves en aguas territoriales del Ecuador.

Por la decisiva maniobra que cumplió el legendario cañonero Calderón, al mando de Rafael Morán Valverde, la escuadra liderada por el destructor Almirante Villar sufrió un vergonzoso revés que la obligó a desistir de un seguro bloqueo del golfo de Guayaquil, queriendo completar así sus planes.

La superioridad naval dispuso que el Calderón asumiera la tarea de escoltar un convoy de naves mercantes que llevaban hasta Puerto Bolívar (provincia de El Oro) a un grupo de compatriotas deseosos de sumarse a la defensa de la frontera, y también vituallas para los que habían acometido la ejemplar tarea pocos días antes.

Casi a la medianoche del 24 de julio, según lo anota el Gral. Gustavo Banderas, desde Guayaquil zarparon las motonaves Olmedo, La Pinta y Deisy Edith, custodiadas por el Calderón. Tras un viaje tenso, el convoy arribó a su destino en las primeras horas de la mañana del 25.

Conforme lo ordenado, el grupo de Guardias Nacionales y otros hombres que viajaron ayudaban en el desembarco del material, pero lo interrumpieron para sortear el ataque improductivo de un avión peruano que incursionó para ametrallar el muelle, el ferrocarril y al personal que laboraba.

El cañonero Calderón repelió el ataque y la calma volvió al lugar cuando desapareció del horizonte el aparato enemigo.

Terminada la misión en esa misma mañana, el convoy se dispuso a retornar a nuestra ciudad, mas cuando se encontraba a la altura del faro de Jambelí (11h15) se detectó la presencia de un buque a la cuadra de babor, que se dirigía con proa hacia el Calderón.

Al identificarse completamente a la nave intrusa como el Almirante Villar y observadas también otras embarcaciones que eran parte de una escuadra (Rodríguez, Grau, Bolognesi), Morán Valverde dio órdenes precisas de caer a estribor y cambiar 180 grados el rumbo que se mantenía.

A las 11h25 Morán Valverde ordenó zafarrancho de combate; el barco peruano abrió fuego a las 11h30, mientras navegaba paralelo al nuestro.

Bastaron 16 minutos para que la heroicidad y el espíritu de justicia obtuvieran merecida recompensa, pues el Almirante Villar se retiró seriamente averiado y sin más alternativa sus escoltas realizaron igual acción.

Para evitar novedades nuestras embarcaciones volvieron a fondear en Puerto Bolívar y el Calderón continuaba a prudencial distancia, porque detectó otro barco que impedía reanudar la marcha a esta urbe.

Cerca de las 14h30 hubo un nuevo ataque de dos aviones peruanos que ametrallaron las instalaciones portuarias y barcos surtos en el Puerto, pero sin lograr objetivos porque las ametralladoras del Calderón se lo impidieron.

Recién en la noche del memorable 25 fue dada la orden de zarpe en total oscuridad y sin el menor ruido posible, pues se hacía necesario seguir evitando la vigilancia de un barco sureño que se mantenía en los alrededores.

Al promediar las 00h30 del 26 de julio, cuando se burló el bloqueo peruano, las naves tuvieron que avanzar a toda máquina evadiendo una persecución que se mantuvo hasta el fuerte de Punta de Piedra. A las 14h00 las naves acoderaron en el Puerto de Guayaquil y fueron recibidas con júbilo por los guayaquileños. Tales algunos pormenores del Combate Naval de Jambelí, que cubrió de gloria a nuestra Armada.

Diario El universo
25 de julio del 2001

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