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| Analicemos bien nuestro voto |
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Es inminente la decisión histórica que tiene que tomar el pueblo ecuatoriano en el próximo y tan cercano referéndum.
El tiempo es muy limitado para dilucidar los temas fundamentales plasmados en la nueva Constitución Política de la República, como ley suprema del Estado; sin embargo, en el reducido espacio que nos queda, tenemos la ineludible tarea, como buenos ecuatorianos, de revisar los centenares de artículos que nos han dejado como herencia los beneméritos asambleístas, quienes permanecieron transitoriamente en Ciudad Alfaro cumpliendo el mandato del pueblo.
La pregunta que nos hacemos los ecuatorianos es, ¿cómo y de qué manera podemos enterarnos del contenido de la nueva Carta Magna? El Estado, a través del ente que corresponda (ministerios de Cultura, de Educación), debe proporcionar las facilidades al pueblo para que el mismo se informe debidamente, saque sus propias conclusiones y luego defina con responsabilidad la respuesta: por el Sí o por el No.
En virtud de lo expuesto, es vital para la ciudadanía que se publiquen en el papel más sencillo en cuanto a su calidad, para que su costo no sea oneroso, folletos con el texto de la nueva Constitución. Y para que este valioso aporte llegue a todos los estratos sociales del país, se lo distribuya a través de los colegios, universidades, organizaciones sociales, instituciones públicas y privadas, etcétera. De esta manera el Estado ecuatoriano habrá cumplido por primera vez el rol de informar lo que hasta hace poco era desconocido por un amplio sector de la población (la Constitución), por negligencia o falta de iniciativa de las autoridades.
Al erario público le ha costado más de cien millones de dólares el encargo de redactar la Constitución número 20 de nuestra conflictiva vida republicana (198 años), la que esperamos que esté acorde a las aspiraciones del pueblo ecuatoriano; caso contrario, habrá sido tiempo perdido y al pueblo de nuevo se lo habrá engañado.
Ecuador quiere vivir en paz, sin diferencias sociales, echando al traste lo que no sirve para la historia, rechazando a los descalificados detractores de la libertad y la justicia.
Eduardo Alfredo Gálvez Cobo, doctor en Ciencias Políticas y Sociales, Quevedo, Los Ríos |
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| La nueva Carta Magna I |
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Sueño y agotamiento fue la antesala para la aprobación del articulado final de la nueva Constitución. Era entre la noche del viernes 18 y la madrugada del sábado 19 de julio, cuando una emoción sin precedentes me desbordaba.
Después de una maratónica sesión de 19 horas, donde se trataron alrededor de 105 reconsideraciones, llegó el momento esperado por muchos años, y fue de tanta intensidad que incluso surgieron lágrimas de alegría en asambleístas. Yo también soñé con este momento como una utopía. Es que hace dos años, en plena era de la troncha, parecía imposible que una Asamblea Constituyente se planteara como ente cuestionador y transformador de la realidad vigente. Fue durante aquella desvelada del fin de semana pasado en que, con los ojos entre abiertos y cerrados, volví a soñar con que nuestra Constitución sea ese gran acuerdo entre los ciudadanos.
Soñaba con políticos refrescantes y honestos que dejaran atrás las viejas prácticas y la demagogia. Ellos no se cosían la boca ni aparecían en videos pretendiendo comprar votos de sus colegas de mayoría. Soñé con el poder ciudadano; las autoridades de control no eran escogidas por el congreso de los manteles, sino por la Función de Control Social. Recordaba la inestabilidad política del país en las últimas décadas y una camioneta de la cual nadie podía bajarse; legisladores que se autoproclamaron psiquiatras, un coronel que junto al movimiento indígena protestaba en calles; después, políticos que desconocieron la voluntad de los “forajidos” y se repartieron el poder posterior a la caída del coronel.
Para contrarrestar el circo politiquero ecuatoriano, soñé con la muerte cruzada. Un sistema en el que si el Presidente disuelve el Congreso, tendría que irse también, pero llamando a elecciones generales. Y si el Congreso destituye al Presidente, este haría lo mismo: eso obligaría a consensuar. Soñé también que nuestros migrantes desde lejos veían la posibilidad de regresar a una patria reconstruida. Soñé con una nueva forma de mirar la economía en torno a las necesidades de la persona y no del mercado. Soñé al estilo de Martin Luther King Jr. en su discurso de Washington, tan revolucionario y en que los jóvenes eran actores importantes de la sociedad, y pese a tener voto solo facultativo, todos lo ejercían y debatían jugándose por la nación.
El statu quo fue tan devastador en el país que nos metió en la cabeza a los jóvenes que somos personas de poca confianza; sin embargo, el Código de la Niñez y de la Adolescencia nos permite trabajar desde los 15 años. ¡Podemos aportar con trabajo a la sociedad, pero no nos quieren dejar ejercer el sufragio responsablemente! Por último, soñé con justicia, educación y salud gratuitas, para no vivir en un país excluyente donde solo unos cuantos nacen con suerte. Cuando desperté, la televisión seguía encendida y los asambleístas cantaban el Himno Nacional, diciéndome que estábamos construyendo juntos parte de mis sueños en la nueva Constitución, que ha confirmado que sí nos cambiará la vida.
Miguel Molina Díaz, Quito |
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| La nueva Carta Magna II |
Cuando somos adolescentes tenemos la mala costumbre de no hacer caso a nuestros padres, así a veces dejamos todo para el final y a última hora del domingo por la noche nos ponemos a hacer el deber o a estudiar para el examen final. El resultado de esto es la pérdida de año, la suspensión, copia...
Igual ha ocurrido con la Asamblea Constituyente, cuya función era redactar un proyecto de nueva Constitución; para eso los ciudadanos le dimos un plazo. Sin embargo, en vez de hacerlo, la Asamblea perdió el tiempo en otras cosas, igual como el adolescente que prefiere ver televisión o salir con sus amigos. Tal es el caso, que en los últimos días los asambleístas se vieron obligados a obedecer a “papá”, quien les dijo que el plazo debía cumplirse y que se debía terminar el texto, lo cual obligó a intensas reuniones y maratónicas votaciones.
Los adolescentes hacen “pollas” para los exámenes que no han estudiado. Los asambleístas tenían la “polla” del Conesup (Consejo Nacional de Educación Superior), entre otras. Ojalá no hayan usado la equivocada y que la dedicación de última hora del domingo no haya servido para tirar a la basura un proyecto que pudo haber cambiado nuestra historia.
Damián Toro, Quito
¡Ay de aquellos que no consideran que todo sacrificio por el bien común y el de la patria es válido! Les digo, por las tres cosas más grandes que hay en el planeta: mi madre, el mar, y mi patria; que en pocos casos durante la historia de esta sagrada tierra no hemos visto tanto amor y deseos de realizar un cambio capaz de detener el aliento a traición, a egoísmo, de aquellos que buscando su beneficio mezquino en el poder económico, han mantenido en la ignorancia y confusión a su propio pueblo.
Todo cambio puede ser doloroso, pero al fin llegó el tiempo de despertarnos para caminar por el sendero de nuevas leyes y oportunidades; nuevas leyes donde la educación y el desarrollo humano y de la naturaleza tengan cabida, en un Ecuador no de líderes perfectos, pero con un corazón lleno de amor por su nación.
Así es, hermanos del Ecuador, vamos hacia una nación con deseos de vivir en armonía, sin abusos y en una democracia participativa, combativa y solidaria. Del pasado yo no me arrepiento, porque el futuro nos llegará para ser siempre presente. Preparémonos a votar próximamente con fe.
Juan Carlos Moreno Manosalvas, tecnólogo, Guayaquil |
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| La nueva Carta Magna III |
Después de la apresuradísima redacción y aprobación en paquete de la segunda mitad del proyecto de nueva Constitución, quedó claro que la misma no fue escrita ni discutida por la Asamblea sino que llegó armada desde Carondelet.
¿Para qué entonces se gastaron tantos millones de dólares del Estado, es decir, de la plata de todos, en construir Ciudad Alfaro y en pagar los muy buenos sueldos de los 130 asambleístas y sus asesores?
Las últimas divisiones en filas oficialistas, incluidas las del ex Presidente de la Asamblea, demostraron que algunos se cansaron de ser simples levanta manos, mientras la oposición fue simple espectadora, a pesar de que ellos también llegaron con el voto popular y merecían ser oídos. Como les gustó recibir sueldos sin hacer prácticamente nada, resolvieron ilegalmente otra vez crear el “Congresillo”, que seguirá cobrando sueldos de “la plata de todos”.
Francisco Velasco, Quito
De los famosos artículos del 26 de junio sobre propiedad, en el primero dice que el Estado reconoce y garantiza el derecho a la propiedad en sus formas: pública (¿primero?, qué raro), privada, comunitaria, estatal (¿otra vez pública?), asociativa, cooperativa, mixta. Siempre cumplirán función social…”.
No sería raro que la “asambleílla” o “congresillo” haga un reglamento ‘explicatorio o clarificador’. Me asusta un futuro así: el Iniap (Instituto Nacional Autónomo de Investigaciones Agropecuarias) no es social; invasores y traficantes adueñados y lotizando ‘asociativamente’, según el reglamento y la ley; terrenos de una hacienda x en barbecho, invasores y traficantes tasando ‘cooperativamente’ porque no cumple (su) fin ‘social’; reserva ecológica deforestada, comunidad ‘mixta’ asaltante adueñada (por ahí les entrará el lodazal del invierno y pedirán luego auxilio); casas, solares en desuso, usurpadores de bienes ajenos en asecho ‘asociativamente’, según el reglamento, etcétera. Ya veo salas de juzgados llenándose, juicios contra invasores y usurpadores respaldados por el ‘reglamentazo’. Y eso que hay alrededor del millón de causas sin sentencia en el país. ¡Socorro!, ¡sensatez!, nos quiere amedrentar una reeditada guerra de bolcheviques y de clases. No han aprendido nada de historia el último siglo. ¿Les pagamos un tour por Rusia, los Balcanes, por Cuba, Camboya y Vietnam? ¡Socorro!, ¡sensatez!
Mauricio Sevilla Cajiao, Quito |
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| La nueva Carta Magna IV |
El constitucionalismo, como movimiento de organización política superior del Estado, no se concreta únicamente con la redacción de una carta magna; exige que esta se inspire en principios y valores cívicos de dignidad y libertad personales, y de respeto del orden jurídico general.
La característica de un estado constitucional es que este cuente con una constitución que denote madurez y evolución política, redactada de manera general, no reglamentaria, en la que se plasmarán las aspiraciones sociales y que refleje la realidad política del Estado.
El Estado ecuatoriano ha sido normado constitucionalmente por diecinueve cuerpos legales que no han sobrepasado de los diez años de duración, con un panorama uniforme de estructuración como un Estado independiente, unitario, libre, democrático, de régimen presidencialista, alternativo y responsable. Recordemos que la Constitución de 1978 es la que ha estado en vigencia, sufriendo cinco enmiendas en 1979, 1992, 1996, 1997 y 1998. La redacción jurídica de la misma es considerada como una de las mejores constituciones de Sudamérica en su parte dogmática, siendo susceptible de reformarse tan solo en su parte orgánica.
El reglamento redactado en Montecristi, mal denominado Constitución Política, refleja el desconocimiento total de las normas de redacción jurídica; es un cuerpo legal abundante, mediocre, con normas jurídicas retóricas, mal redactadas, que con pleonasmos, solecismos, barbarismos y queísmos cae en la ambigüedad, confundiendo las normas positivas en su fondo y forma.
Una constitución es un juego dialéctico entre el ser y el deber ser, esto es, entre la sociedad y la moral, que permita una forma de gobierno democrática, responsable y tolerante; el polo contrario es la concentración total del poder de manera excluyente, sinónimo del Estado autocrático, absoluto, déspota, totalitario, en donde no existe garantía alguna de respeto a los derechos de las personas, porque la voluntad del gobernante es la suprema ley.
Carlos Bustamante Salvador, Quito La Asamblea ha concluido su trabajo, dirigida hasta el último día por quien la ha diseñado y mandado a confeccionar a su gusto y medida.
Los asambleístas solo han hecho la labor de costureras; bajo esa condición fueron ubicados en ciertas listas. La nueva Constitución, como todas las anteriores, tiene cosas buenas y no tan buenas que convienen y muchas otras que no. Seamos analíticos. No permitamos que, envueltas en las cosas buenas y convenientes, nos metan las malas e inconvenientes. No dejemos que nos traten como a perro enfermo, al que le dan a tragar la pastilla que lo cura o lo mata envuelta en un trozo de apetitosa carne.
Lo que está en juego no es la estabilidad o permanencia de Gobierno. Es el futuro de doce o treces millones de ecuatorianos que de una u otra manera nos veremos afectados por el Sí o por el No del referéndum. En los dos meses que faltan nos corresponde a todos convertirnos en auténticos “asambleístas”. Es indispensable que se abran foros de discusión de la nueva Carta Magna, no solo a nivel académico en las universidades, cámaras, partidos políticos..., sino en las organizaciones barriales, parroquias urbanas y rurales, colegios fiscales, particulares, confesionales, sindicatos y organizaciones, colegios de profesionales, iglesias, cuarteles, en las bancas de los parques y cualquier sitio en que se reúnan dos o más personas. Estos foros deben ser convocados sin consigna alguna ni por el Sí ni por el No. Su finalidad será abrir espacios democráticos, para que cualquier ciudadano de toda tendencia, sin presiones, se exprese sobre los temas que desde su particular visión tienen importancia. Quienes participen solo asumirán el compromiso de respetar las ideas y opiniones de los demás.
Los medios de comunicación son los primeros obligados a organizar estos foros y propiciar su proliferación. Tienen la obligación moral y cívica de abrir espacios e invitar a la gente a participar en ellos, para crear conciencia en la ciudadanía de que la nueva Constitución no debe ser aprobada o negada en función de simpatías o antipatías al Gobierno que es pasajero y algún momento terminará. ¿Qué pasará con los que vengan después? ¿Conviene a cada uno de nosotros, a nuestras familias, hijos y nietos? Discutámoslo con seriedad.
Oswaldo Lucero Solís, abo |
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| La nueva Carta Magna V |
A fin de obligarnos a votar Sí, los asambleístas de Gobierno nos chantajean en el texto de la nueva Constitución con un cuento de terror: el “retorno de los diputados manteles”.
Seguramente quieren hacernos creer que los legisladores del mal llamado “bloque de la dignidad” resucitarán de sus tumbas, cual zombies hambrientos por comerse nuestros cerebros. El curioso artículo es un insulto a la inteligencia, pues si el texto de la nueva Constitución es rechazado en el referéndum, pasaría a los archivos de la historia a llenarse de polvo, sin valor para ordenar nada. Con semejante disparate, parecería que los insaciables zombies comecerebros pasaron ya por Montecristi.
Paúl Tapia Goya, Guayaquil
Muchas cosas se dijeron sobre los asambleístas, y se dio a conocer por los medios de comunicación lo que discutían, de cómo se daban patadas y golpes en los genitales, cómo golpeaban las mesas, de cómo dormían en sus sillones, de cómo se lucían en sus largos discursos verborreicos, de cómo miraban el fútbol por los televisores, de cómo se “rasgaban” sus vestiduras, se cosían la boca y hasta de cómo bailaron con mariachis el día en que terminaron su “arduo” trabajo.
Tanto se cacareó y al fin el pueblo algo sabe a medias del contenido de esas leyes que “crearon” en Montecristi, pero la verdad es que no conocemos bien lo que nos traerá y por eso nos sentimos en ascuas por lo que podrá venir.
Jaime Cruz, Machala |
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