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Recuerdos del legendario río Guayas |
Julio 24, 2008
Colaboración enviada por ‘El cronista del año 1928’.
Transcurría el año 1940. El manso y caudaloso Guayas corría en la orilla del muelle del Ferrocarril del Sur, frente al edificio de la Aduana, en Malecón y Loja.
La marea estaba alta. La corriente llevaba a la deriva los lechuguines y palos de balsa flotantes.
Las casas detrás de La Planchaba comenzaban a iluminarse con la luz de los faroles eléctricos. Los camiones de la Cervecería Nacional regresaban con las jabas de cerveza vacías hacia el final de la empedrada calle Numa Pompilio Llona.
Era el momento de acoderar al muelle el buque Galápagos, un remolcador traído de Nueva York. Empezaban a bajar los pasajeros del ferrocarril. Por el tablón caminaban los viajeros de Guayaquil, porque habían terminado las vacaciones y las clases en las escuelas comenzaban el 1 de mayo.
Una señora llevaba en sus brazos a un niño de pocos meses. La mujer grito desesperada al momento en que su hijo se resbalaba y caía al agua. El niño desapareció en el fuerte oleaje. Un segundo después, un marinero del buque se lanzó sin camisa en un clavado de pie y luego de un minuto sacó al niño que felizmente seguía vivo.
Esta es una historia real de la vida fluvial en el Guayas. Algunas veces los marineros rescataban los restos de ahogados que venían con la marea desde los ríos Daule y Babahoyo.
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