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Guayaquil: puerto y destino |
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Cuenca me entregó su tradición, su historia, y me contagió la sensibilidad innata de su gente para sentir más allá del menú interior de cada jornada; Quito me regaló la formación académica y me hizo retroceder más de dos mil años en pos de los maestros griegos y latinos para escarbar viejas páginas de sabiduría, esa virtud que engendra utopías que luchan por encarnarse; países diversos y latitudes variadas me dieron ansias de vivir, abrieron mi mente hacia metas exigentes y me enseñaron que los humanos procedemos de un árbol común y, sin embargo, exhibimos más nuestras disimilitudes que nuestras convergencias. A Guayaquil la conocí en mi adolescencia y no pude resistirme a sus encantos; en mi vida nómada siempre retorné a ella con el corazón henchido hasta finalmente celebrar un connubio fecundo hace tres décadas. Los grandes amores se cuajan en obras. Recibí amor de Guayaquil y decidí amarla como ella se merece. Mi corazón, mi mente y mis energías los puse al servicio de su niñez y de su juventud, con alegría, con esperanza y con fe en su futuro, porque los habitantes de esta ciudad siempre tuvieron para mí un especial modo de ser, una manera distinta de comportarse y una forma de llevar sus vidas con ribetes muy propios. Mis momentos de mayor fruición, como educador, los viví aquí; los mejores amigos los encontré en su cálida brisa, juntos disfrutamos, juntos soñamos con un Ecuador único y diverso.
Recuerdo, ¡cómo no hacerlo!, fue en 1992. Un grupo de ciudadanos fuimos convocados por el ingeniero León Febres-Cordero R.; integramos un escuadrón cívico para vencer la corrupción, la desidia y el desamor a Guayaquil.
Tuve el privilegio de ser cabeza de Justicia y Vigilancia, Dirección creada para motivar, ayudar y controlar que la ciudad cumpla con sus ordenanzas; nueve decenas de jóvenes universitarios fueron mensajeros de la alcaldía, como sus delegados, para llevar a todos los rincones un mensaje de amor a la ciudad y obtener el compromiso de entregarle el respeto a sus tradiciones y el compromiso con su presente y futuro. La Universidad Católica y la avenida Constitución deben recordarnos trepados en tractores para cumplir con la dolorosa misión de devolver a la ciudad aquellas calles que habían sido subastadas por administraciones miopes, ignaras de las leyes, preocupadas de compadrazgos y vivezas de baja ralea.
Guayaquil avanza con impulso propio; su proa apunta a la hermandad nacional porque sus habitantes, compendio de migraciones de todas las provincias, entonan Guayaquil de mis amores, besan la celeste y blanco y se amarran a su destino. Guayaquil proclama que la ira jamás venció a la ira, que fue la sensatez la que impuso cordura; que el desamor jamás prevaleció frente al amor, porque el amor “ni se compra ni se vende”; que las intrigas y ardides de políticos desaprensivos siempre encontraron en esta ciudad resistencia noble y combativa. Guayaquil sabe que en sus luchas jamás estuvo ni estará sola. Hoy y siempre: Guayaquil por la patria. |
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| Paul Krugman |
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La Sociedad Ecuatoriana de Químicos Cosméticos organiza un ciclo de conferencias de Ciencias Cosméticas, a las 08:00, en el auditorio de la Cámara de industrias de Guayaquil, edificio Las Cámaras. Informes a los teléfonos 251-6575 o 232-1595. |
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