martes 22 de julio del 2008 Columnistas

Plutarco Naranjonaranjo@lenguaje.com

Pobres adolescentes embarazadas

Tanto se ha discutido sobre el aborto y el derecho a la vida desde la concepción, que se ha soslayado un tema de igual o mayor trascendencia.

La revista Correo Poblacional, de junio de este año, publica los resultados de varios estudios realizados por Cepar-Unfpa, que descubren la tragedia de numerosísimas adolescentes que tuvieron tempranamente un embarazo no deseado.

Según las encuestas, del total de mujeres de entre 15 y 24 años de edad, han tenido ya relaciones sexuales el 47% de ellas, con la relevante circunstancia de que el 80% tuvo relaciones antes de cumplir los 15 años de edad. Del grupo en estudio, el 37% de las adolescentes inició su vida sexual sin previo matrimonio y más de la mitad de aquellas que tuvieron relaciones premaritales son chicas de escasa educación primaria y apenas un 30% ha llegado a instrucción secundaria.

A más de los conflictos personales, familiares y de otros órdenes que ocasionan tales embarazos y que conducen en tantos casos, clandestinamente o no, al aborto provocado, con graves riesgos para la vida de las jóvenes y que en otros casos llevan hasta el suicidio, ¿qué destino les espera a estas madres prematuras?

Tras el parto, aquellas muchachas que vivían de su trabajo y aquellas que estudiaban, dejan en su mayoría de trabajar o estudiar porque no tienen a quién encargar el infante o el niño. Se ven obligadas a afrontar una situación de lo más penosa. ¿Con qué recursos seguir viviendo y además criar al niño? Muchas de ellas, al ser descubiertas en su estado de embarazo, son echadas a la calle y en la mayoría de los casos el padre, otro adolescente, tampoco asume las responsabilidades que le corresponden.

Del total de muertes maternas que registran las estadísticas nacionales, el 20% corresponde a chicas entre 13 y 19 años de edad, es decir, cuando comienza el periodo más vital de su existencia. Vidas y más vidas se truncan precisamente cuando otras jóvenes, infinitamente más afortunadas, dan vuelo a sus ilusiones y proyectos.

Los datos presentados muestran una oscura faceta de los cambios cruciales que se han producido en el país y que afectan ante todo a los adolescentes y en particular a las mujeres.

Ecuador atraviesa esta dolorosa realidad familiar y social que, ya sea por hipocresía, mala fe, razones políticas u otras, se ha ocultado o ignorado.

Cuánto sería de desear entonces que aquellas personas que con tanta vehemencia condenaron el aborto y defendieron la vida desde la concepción, en adelante muestren su compromiso con la vida poniendo igual empeño en proteger y cuidar de estas adolescentes desamparadas y sus hijos.

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