FOTOGRAFÍA. Juan Moncayo lleva 42 años con su cámara antigua. Se resiste a la modernidad.
Enfoca un rústico lente que se desprende de un cuerpo parecido al acordeón. En su parte anterior pone un papel especial en un portaplaca de plástico y vidrio que sostiene la hoja con dos ligas, introduce parte del brazo y su cabeza en una manga de tela color verde y plasma una fotografía.
Luego retira el negativo y lo sumerge en una pequeña bandeja, en donde podría caber un puño, al que denomina su cuarto oscuro (sitio de revelado). Allí, con fijadores y otros químicos al cabo de unos minutos saca una imagen a color. Todo esto sin abrir su caja de madera.
Son cinco minutos de ‘magia’ los que hace Juan Moncayo Fajardo, de 64 años, dentro de su ‘minutera’ o ‘tres patas’ como llama con cariño a su cámara fotográfica.
El nombre de su instrumento de trabajo, que se conserva a pesar del paso de los años por los constantes retoques del empírico fotógrafo, se lo debe al tiempo (minutos) en que tarda en hacer las instantáneas.
Aunque sabe que su tradicional oficio tiene los días contados en medio de la modernidad y facilismo con que se manejan las nuevas cámaras digitales, asegura que le cuesta la idea de jubilarse. “Ha sido toda mi vida. Esto es mi sustento. Es todo lo que sé”, expresa.
Mientras espera paciente un cliente en una de las bancas de la Plaza del Centenario, se traslada a la época de los años 60 y empieza a relatar el inicio de su carrera. “Cuando cumplí mis estudios en el sexto curso del colegio de la Filantrópica quería estudiar mecánica, pero la vida no siempre da o resulta lo que uno espera”.
A los 16 años conoció a un señor, cuyo nombre no recuerda, de apellido Galarza en una de las llamativas matinés de la época. “Este señor era un profesional de la fotografía que me invitó a trabajar con él y así fue como de a poco fui aprendiendo a manejar una cámara fotográfica”.
Fueron así sus inicios en el oficio de la fotografía en el Foto Estudio Galarza, “ubicado en aquel tiempo en Santa Elena y Manabí”.
Recuerda que maniobraba lo último en modelos de cámaras en aquel tiempo: la famosa 35 mm en diversas marcas y revelaba decenas de fotos a diario en blanco y negro y a color, cuando llegó la novedad a las imágenes en los años 70.
Pasó poco tiempo en el Estudio pues luego se dedicó a ser lo que denominan sus colegas un fotógrafo ambulante. “Cada vez que nos enterábamos por los avisos en los diarios, la radio o los comentarios de los mismos compañeros de algún matrimonio, bautizo, quinceañera, cumpleaños nosotros estábamos ahí, listos con nuestras cámaras”, dice.
Al mismo tiempo trabajaba dentro de la Plaza del Centenario tomando gráficas a las familias y otros turistas que visitaban el lugar, especialmente los fines de semana. “Todo el mundo quería fotos. El fondo que más gustaba era la columna de los próceres o el edificio del Banco Pichincha”, agrega.
En medio de su relato llega su amigo Pepe, quien prefiere no dar su apellido. Escucha las anécdotas de Juan y recuerda que en aquel Guayaquil antiguo los mejores días de trabajo eran los domingos. “Cada domingo el parque (Centenario) se veía repleto de empleadas domésticas que venían con los enamorados o las familias y se tomaban fotos. Eso era una cosa impresionante”, sostiene.
A pesar de que al frente de su lente no recuerda haber captado la imagen de algún personaje conocido, Juan señala que la recompensa de su trabajo se ve reflejada en sus cinco hijos, en quienes ha logrado formar a un médico, un profesor y excelentes estudiantes.
“Por cosas de la vida nunca tuve la oportunidad de estudiar fotografía, pero la vida y la experiencia me lo enseñaron. No hay muchos como nosotros que aún manejamos la ‘minutera’, al menos en este parque quedamos menos de diez”, dice.
Como aportante voluntario al Seguro Social, con 43 años en el oficio de la fotografía, Juan analiza desde el año pasado la idea de retirarse y descansar en su hogar en Letamendi entre la 12 y la 13.
“La tecnología va dejando atrás nuestra fotografía. Si quisiera modernizarme tendría que comprar una cámara profesional que vale por lo bajito $ 5 mil y para eso me abro un negocio en casa”.
Detalles
OTROS DATOS
Pasatiempo
Mientras espera por clientes que acuden a su esquina para tomarse fotos o para conseguir una reproducción de estas, Juan acostumbra a encender una pequeña y vieja radio en donde escucha noticias deportivas.
Clientes
Hasta fines de los años ochenta, Juan sostiene que atendía a un promedio de 10 a 15 personas diarias; sin embargo, su clientela se ha reducido hasta a tres personas en el mismo lapso.
Precios
En 1960, los fotógrafos cobraban hasta 10 sucres por tres fotos medianas y cinco sucres por cada rollo de 36 fotos reveladas. Actualmente un fotógrafo de antaño cobra $ 2 por cada imagen grande o nueve tamaño carné.
Textuales
Nostalgia
Pepe
Fotógrafo antiguo (amigo de Juan)
“Antes uno era el ‘señor fotógrafo’, cuando Guayaquil era chiquito. Ahora hay fotógrafos en todas partes”.
Juan Moncayo
Fotógrafo antiguo
“Mientras pasa el tiempo, veo morir mi oficio entre los celulares y las cámaras digitales”.