Tres beisbolistas nacionales que le dieron gloria al país al ayudar a ganar dos títulos Sudamericanos, no reciben su pensiones por una anormalidad legal que los discrimina.
El béisbol ecuatoriano ganó dos sudamericanos. Uno en Buenos Aires, el 15 de enero de 1963, y el otro, en el estadio Yeyo Úraga, el jueves 1 de diciembre de 1966, en lo que se ha considerado la noche de mayor esplendor de la pelota chica nacional.
El Estado, mediante decreto del 13 de marzo de 1992, les otorgó dos remuneraciones básicas a los beisbolistas que integraron esas selecciones, al igual que las campeonas bolivarianas de básquet, atletas, boxeadores y otros que dieron lustre y brillo al deporte ecuatoriano. Son beneficiarios de pensiones vitalicias que sirven, en algunos casos, para sobrevivir con algo de decencia y dignidad.
Vicente Maldonado, Pedro Murrieta y Julian Trottman, integrantes de las selecciones de béisbol que llenaron de alegría y gloria al país, no reclamaron este derecho por distintas razones, los dos últimos por estar radicados fuera de Ecuador.
Ahora que estos tres campeones sudamericanos han presentado sus peticiones se topan con la ingrata e injusta novedad que han perdido sus derechos porque hay una nueva ley que los ha dejado al margen de estos beneficios. Esta modificación señala que se entregarán estos beneficios solo a aquellos deportistas que hayan ganado torneo o medallas de oro, pero en disciplinas individuales y por no hacerlo en el momento que lo gestionaron los demás.
Sin necesidad de ser entendidos en leyes y derecho, y solo con un poco de buen sentido y equidad, tenemos que decir que hay dos contradicciones fundamentales. En primer lugar no debe haber ningún discrimen o diferencia entre el deporte individual y colectivo.
El deporte es uno solo, no discrimina. Incluso el colectivo es más formador y aleccionador pues, entre otras cosas, enseña a jugar y trabajar en equipo, a ser un poco más solidarios.
Con la peregrina idea de solo premiar a los deportes individuales estamos demostrando un espíritu sectario, segregacionista, fuera de equidad. Si el barón Pierre de Coubertin, padre del movimiento olímpico moderno, regresara a este mundo terrenal se volvería a morir tan pronto se enterara que por estos lares se ha determinado que aquellos deportistas que integran una selección nacional en el fútbol, básquet, voleibol no tienen el mismo derecho que los atletas de las disciplinas individuales. Los integrantes de la Tri de fútbol, que ganaron medalla de oro en los Panamericanos del 2007, tampoco no recibieron estos beneficios.
Aquellos que inspiraron, redactaron, aprobaron y quienes ahora les toca interpretar y aplicar esta ley deben saber que esta norma está causando una injusticia y un daño. Y se nota además, lo poco que conocen de los principios filosóficos de la práctica de los deportes.
“Los derechos adquiridos con arreglo a las leyes civiles no pueden ser desconocidos ni vulnerados por leyes posteriores”, y estos deportistas ecuatorianos que se ganaron el derecho a recibir sus pensiones no deben perder sus beneficios. Nosotros, como comunicadores, estamos en el deber moral de señalar estas distorsiones o anomalías, so pena de incurrir en complicidad por omisión.
Para intentar reparar el daño, lo menos que se debe hacerse es modificar el Artículo 56 de la actual Ley de Cultura Física, Deportes y Recreación, por injusta, ilegal y sectaria.