lunes 21 de julio del 2008 Columnistas

José Mario Ruiz Navasjmruizn@easynet.net.ec

Anticlero, antirreligión, antihumanidad

La historia manifiesta que las funciones política, militar y religiosa  fueron ejercidas inicialmente por una sola persona. ¿Por qué? Porque el gobernante se creía fuente de los derechos  y porque quería asegurar su poder en la unidad del Estado. La primera función que se confió a una persona diversa del gobernante, pero subordinada a él, fue la militar.

Cuando no había escuelas, caminos, lengua común, medios de comunicación, ni milicia estatal; los gobernantes, sirviéndose políticamente de la religión como elemento unitivo, impusieron el principio “La religión del príncipe es la religión del pueblo”. La Inquisición es  consecuencia de este principio. La inquisición fue recurso político religioso no exclusivo de España; pues, con diversos nombres y expresiones, rigió en muchos países, como Inglaterra, Holanda, Suiza.

El gobernante mantenía generalmente las manos limpias; el trabajo sucio estaba confiado a miembros del clero, al que retribuía con privilegios. El que los clérigos estaban a servicio del gobernante se ve claramente en el hecho de que también obispos fueron perseguidos por clérigos inquisidores en obediencia a gobernantes.
Olvidado el motivo político de la Inquisición, hoy se rechaza en ella no a los mandantes, sino a los clérigos ejecutores. En el contexto actual los consideramos “tontos útiles”.

Cuando en Occidente el saber humano se redujo a filosofía, teología y matemáticas, materias más propias del clero, ser clérigo equivalía a ser sabio. El laico, alejado de estos asuntos, se consideraba ignorante, al punto que se acuñó el dicho: “Soy laico en esta materia”. Por eso la educación estaba confiada casi exclusivamente a clérigos.

En Ecuador a fines del siglo XIX, el saber humano se amplió a las ciencias. Surgió la pugna entre esos clérigos que querían mantener el monopolio del saber y esos laicos que, en revancha, excluyeron a los clérigos de escuelas y universidades. El laicismo inicialmente fue solo anticlerical y anticatólico, no antirreligioso. De hecho, los gobernantes surgidos de la revolución confiaron establecimientos educativos a cristianos protestantes.

En la proporción en que  la ideología deísta iba haciendo creer a los gobernantes que el hombre es un pequeño dios, el laicismo se fue transformando de anticlerical en antirreligioso. No pudiendo negar a Dios, se idearon un dios indiferente de las angustias y esperanzas de los hombres y pretendieron –siguen pretendiendo– encerrarlo en la vida individual, prohibiéndole todo influjo en la vida social.

Los laicistas ecuatorianos ignoran que el Hijo de Dios, en quien creemos muchísimos ecuatorianos, tomando nuestra humanidad en el seno de María, enseñó que el “hombre es el camino para llegar a Dios”; que no se puede honrar a Dios, sin cultivar los valores humanos, como vida, libertad, justicia.

En cuanto conozco, este  proyecto de Constitución del siglo XXI señala  en un  estatismo recalentado, el sendero de  la deshumanización, a la que condujeron Hitler, Mussolini, Stalin, etcétera. Ellos actuaron como si el Estado fuera anterior a las personas y fuente del derecho. ¡Sus conciudadanos no les cerraron a tiempo este camino a la tragedia!
Columnistas

Diseño

© Copyright 2009. Compañia Anónima EL UNIVERSO. Todos los derechos reservados.