La Policía asegura que la falta de denuncias hace que el hampa se fomente en esa ciudad.
En Manta, los 2.200 taxistas que circulan a diario, “juegan a la lotería” al momento de escoger a los usuarios que buscan el servicio que ofrecen. En su trajín diario tienen la posibilidad de que sus clientes se conviertan de un momento a otro en tres tipos de delincuentes, según explican los choferes.
El perfil más temido es el que busca dinero u objetos de valor para adquirir alguna droga. Armados con objetos cortopunzantes, su ímpetu y desesperación los hace peligrosos, dice un taxista que lleva más de veinte años en esa labor y cuyo nombre omitimos por seguridad.
Él cuenta que en diciembre del año pasado un “pasajero” lo amenazó con un picahielo y se llevó su radio y 15 dólares. Aunque el asalto que más recuerda sucedió un mes después, cuando iba por la avenida 4 de Noviembre, una vía principal de Manta, a la altura de la distribuidora Coca Cola. Un hombre “bién encachinado” lo hizo detener. “Me dijo que lo lleve al centro de la ciudad, pero ni bien avanzamos una cuadra me amenazó con una pistola y me obligó a virar a la izquierda”.
Esos “pasajeros” son el segundo tipo de delincuente al que se enfrentan los taxistas que circulan en Manta. Se trata del que utiliza el taxi para realizar un trabajo especial como matar por encargo o perpetrar algún asalto a mano armada.
“Bájate del carro que lo queremos para enterrar a alguien”, me dijeron, ante lo que yo respondí que está bien pero que creía que el carro no le iba a funcionar porque es a diesel y “ustedes necesitan un carro que pique”, según cuenta. Los delincuentes fracasaron, aunque sí se le llevaron $ 30 de lo recaudado esa noche y le dijeron que se vaya del lugar. Estos casos nunca fueron denunciados.
A otro taxista, en cambio, quien también pidió omitir su nombre por seguridad, lo colocaron hace mes y medio en el maletero y luego lo abandonaron en un sitio desolado de la ciudad para llevársele el auto. Él cogió a los pasajeros al interior del centro comercial Paseo Shopping.
Se trataba de una pareja, quienes en un rato del periplo sacaron armas para tomar el control del vehículo, eran los “desguazadores de carros”, como comúnmente se los conoce dentro del dialecto de los taxistas. El afectado tampoco denunció el atraco.
El jefe de la Policía de Manta, Pedro Cózar, cree que la falta de denuncias ayuda para que la delincuencia prolifere en el cantón. “Con esto, permiten que los delitos queden impunes y se fomenten. Los taxistas no pueden escudarse y decir que por temor a represalias no denuncian”, expresa Cózar.