El empresario Nelson Guim visitó en septiembre del 2001 este destino que presenta una peculiar y hermosa geografía, además de un ambiente cargado de una profunda espiritualidad.
El Tíbet, y particularmente su capital Lhasa, es la sede oficial del budismo tibetano, cuyo actual líder es Tenzin Gyatzo, 14º Dalai Lama y premio Nobel de la Paz 1989, quien desde Dharamsala (India), su hogar en el exilio desde 1959, promueve una cruzada mundial para que el Tíbet tenga autonomía política y administrativa, por lo que el gobierno chino tiene especiales controles para la prensa y visitantes que llegan a esa región autónoma.
“El viaje fue una experiencia muy enriquecedora en todo sentido, lo planifiqué desde dos años antes y lo inicié a los pocos días de ocurridos los atentados del 11 de septiembre”, recuerda el principal de los almacenes Guimsa y ex candidato a la presidencia de la Cámara de Comercio de Guayaquil.
El Tíbet tiene grandes extensiones con poca población y varios monasterios budistas, donde miles de monjes viven practicando esta religión que lleva a una visión trascendental de la vida.
El empresario conoció de cerca tal realidad al recorrer el Palacio Potala, ubicado a 3.700 metros en la montaña Hongshan en Lhasa, capital del Tíbet. Se dice que con motivo de la llegada de la princesa Wen Cheng, de la familia imperial Tang, el rey tibetano Sontsan Gampo mandó a construir este magnífico palacio de mil salas y pabellones en el año 631.
La parte principal tiene trece pisos y se extiende desde el pie de la colina hasta su cumbre. Comprende el Palacio Blanco, en la parte oriental, que servía como sala de estudio y dormitorio del Dalai Lama; el Palacio Rojo, en la parte central, donde hay un salón donde se conservan los restos mortales de los Dalai Lama de otras épocas.
Además de tal arquitectura, Guim disfrutó de sabores típicos como té de mantequilla de yak (bóvido de largo pelaje), carne de yak y panecillos de cebada”, concluye este empresario que cumplió su sueño de conocer este exótico destino.