Todo ha sido pensado por expertos. La revista-menú elimina el concepto mismo de la carta rutinaria, permitiendo una localización rápida de los platos elegidos, y deja mucho espacio en blanco para evitar la molestosa acumulación de posibilidades.
Hay una claridad propia de los asiáticos, una simpática divagación acerca de Marilyn Monroe, fotos a todo color, minisecciones pintorescas.
El primer contacto habla de luz, ambiente tónico, abierto, donde cada cual puede apreciar sin esfuerzo la textura, los colores de cada especialidad. La relación calidad-precio es de muy buena onda. Si desmenuzo mi planilla, encuentro un atún blanco sencillo pero impecable servido como carpaccio, hilos parecidos a los fideos de arroz hechos en realidad con papanabo en una salsa a base de vinagre japonés, especias y otros secretos. El plato facturado en $ 6,20 luce espectacular, sin llegar a ser pomposo ni recargado, es tan refrescante que volvería gustosamente a este lugar para comerlo otra vez.
El rubro de los rollos (sushi) resulta imponente, contempla todos los ingredientes que ustedes puedan imaginar: anguila, aguacate, salmón, vegetales, cangrejo, caviar, queso crema, langostinos, espárragos, camarones crocantes, concha peregrina (scallops), pangora, pulpo, atún fresco, king crab de Alaska. Si prefieren el sashimi, más consistente, de mayor impacto en cuanto a textura, podrán pedirlo para usted solo, para cinco personas o más. Les recomiendo el llamado bonsái familiar, combinación de sesenta y cinco bocados. Es el plato ideal para una comida entre amigos o allegados. Uno de los manjares más caros es la pangora salteada con salsa japonesa, hongos, salsa de caviar acompañado con arroz frito, mas no tuve la oportunidad de probarla.
Me encantó particularmente el lomo llamado Kubai ($ 9,85). Tratado al grill (pídanlo poco cocido, para que les llegue supertierno), viene en una presentación muy vistosa, apoyado en cuatro bastoncitos de arroz muy crocante envueltos en ajonjolí. Pero tiene la opción de otro lomo relleno de langostinos en salsa de soya con pernod (un licor anisado), acompañado de aguacate tempura (tempura se refiere a una fritura muy ligera que permite a los alimentos guardar todo su sabor). Dicen que la palabra viene de tempora, término que designaba en Portugal el día en que los misioneros podían comer pescado. Recordemos que los portugueses desembarcaron en el Japón en el siglo XVI.
En Noe la afluencia de los aficionados es impresionante y más vale ir en semana, pues estuve un día domingo y tuve que esperar que se libere una mesa. Noe ha tenido tal éxito que tuvo que abrir nuevos locales. Existen tres en Quito, dos en Guayaquil. Prefiero el de Samborondón al de San Marino, bastante bullicioso por la algarabía de aquel centro comercial. Pero Cuenca y Manta ya podrán también disfrutar de esta cocina japonesa. La carta es igual y las recetas, a pesar de ir rotando, son inamovibles en su preparación. Noe tiene servicio a domicilio, si quieren agasajar a un grupo de amigos.
Los postres, no revisten importancia en la gastronomía japonesa, pero el gusto local nos impulsa a desear algo de dulce con un expreso después de un almuerzo o una cena. Probé un excelente brownie (negrito) en salsa caliente de chocolate, acompañado de un helado de vainilla. Si desean algo más espectacular está el helado de vainilla y frutas cubierto de un merengue que flambearán frente a sus ojos.
Noe, c.c. Bocca, vía a Samborondón.
Telf.: 208-3889.