Entre el 50% y el 70% de los ingresos de las familias de estrato bajo y medio se destina a la compra de productos básicos. Hasta hace un año ese porcentaje era de un 40%, máximo. Esto por el alza de los precios que en algunos artículos fue de hasta el doble del valor de hace un año y medio.
Las compras de alimentos se reducen al mínimo, solo para el día a día. Las comidas con ingredientes especiales, e incluso más saludables, se vuelven menos frecuentes. Se redujeron los paseos de fin de semana, las compras de artículos suntuarios. Y aumentan las quejas, la desesperanza, la preocupación: “Todo mi sueldo se va en comida”, “La plata solo alcanza para subsistir”, “Compro lo básico, solo para no dejar de comer”. “Todo sube”.
Esta realidad envuelve a un alto porcentaje de ecuatorianos como Manuel Aguirre, que subsiste con un sueldo de conserje de 120 dólares en la cooperativa Balerio Estacio, sector suburbano del noroeste de Guayaquil; o como Nancy Pineda, secretaria de una dependencia pública que vive en Urdesa y gana 700 dólares al mes; o a José Orellana, empleado privado y dueño de un pequeño negocio que obtiene 1.600 dólares mensuales.
Pineda vive con su hermana, su cuñado y tres sobrinos. A sus ingresos se suman los $ 200 que, por prestar servicio de expreso, obtiene su cuñado. El gasto diario en alimentación es de $ 15, más $ 50 mensuales en artículos de aseo. Suman $ 500 al mes. Esa cantidad recibe ella luego de los descuentos de Seguro Social e Impuesto a la Renta. Su familia tiene más gastos. Una sobrina es universitaria y necesita $ 5 al día, $ 100 al mes. Los dos sobrinos menores gastan $ 2 diarios cada uno en lunch, $ 80 mensuales. Quedan entonces solo $ 20 libres por mes. Hace un año los gastos en comida eran de $ 8 al día, $ 240 mensual, y quedaba para comprar ropa o salir a pasear el domingo. Hoy, eso es solo un recuerdo.
“Es que todo ha subido y cada vez se pone peor”, refiere la mujer. Su expresión hace eco en cientos de familias. Según una encuesta realizada por Market, entre el 28 y 29 de junio de este año, a una muestra de 640 personas de diversos estratos, el 56% de los ecuatorianos considera que el principal problema que afecta a la familia es el alto costo de la vida.
Esa percepción se la siente en los hogares, en los mercados, en los grandes comisariatos, en las tiendas de barrio. Es el tema común de conversación. Desde enero del 2007 hasta la fecha, al menos tres alzas generalizadas se han registrado en diversos productos de la canasta familiar. Así se quejan quienes compran. Así se comprueba al revisar las facturas de los tenderos, comerciantes y distribuidores.
Por ejemplo, en año y medio, el litro de aceite trepó de $ 1,25 a $ 2,20, un 97% de alza. El melón mediano, que hace un año costaba en promedio $ 0,50, hoy vale un dólar, 100% de alza. Y la lista de productos que han subido es larga. Hay pocos que no subieron, pero bajaron en el gramaje. Por ejemplo, el detergente que trae marcado el precio de un dólar para la venta al público, tenía 450 gramos hasta hace un año; hoy pesa 420 g, según las especificaciones de su envase.
El INEC (Instituto Ecuatoriano de Estadísticas y Censos) registró en junio del 2007 una inflación acumulada del 0,87%, mientras en junio del 2008, este índice alcanza 7,09%. Reportes del organismo señalan además que la canasta básica en junio del 2007 tenía un costo de 459,89 dólares; en ese mismo mes del 2008 la canasta básica llegó a costar 506,84 dólares, aquello significa un incremento de 47,05 dólares.
Pero esa alza se siente más en los hogares y el presupuesto familiar se achica, especialmente en los estratos bajo y medio. Manuel Aguirre, el conserje que gana $ 120 al mes y completa sus ingresos con $ 140 que obtiene su esposa como empleada de un restaurante, afirma que hace un año gastaba $ 25 semanales en víveres. Hoy utilizan $ 40 a la semana, pero no compra el pollo entero que acostumbraba. Solo adquiere un medio y libra y media de carne para toda la semana.
Compra un cuarto de aceite; hace un año era medio litro.
“Pongo poquito y no hacemos frituras”, responde su esposa, Margarita Toala, al preguntarle cómo logra que le alcance ese cuarto de aceite.
Rocío Sánchez trabaja en una oficina privada y tiene $ 300 de ingresos, sumados los $ 700 que obtiene su esposo. Hace un año y medio gastaba $ 60 a la semana, hoy, esta familia residente en Sauces 5 afirma erogar $ 120 en artículos comestibles. “La mitad de los ingresos se van en comida, a eso se suman los productos para aseo y para el estudio de los niños”, indica la mujer, cuya familia es de seis personas.
Sánchez y su familia sacrificaron las salidas a pasear todos los domingos. Ya no tienen los $ 30 para gastos en cada una de esas jornadas de recreación.
Una condición parecida soporta Jenny Molina, de Sauces 4. El 60% de los ingresos de la familia, $ 200 que ella gana como vendedora de productos naturales y $ 300 que consigue al mes su esposo como bodeguero en una empresa, se utiliza para la alimentación. “Es una bendición no tener que pagar arriendo, porque sino sería imposible vivir”, menciona Molina.
Siria Solórzano, de la Martha de Roldós, en el norte de Guayaquil, acostumbraba a llenar su refrigeradora con frutas, carne, pollo y verduras. Hoy compra día a día solo lo necesario, y los recipientes para almacenar diversos productos están vacíos.
Fidel Márquez, analista económico y rector de la Universidad Tecnológica Ecotec, dice que por la carestía de la vida la gente empieza a privilegiar sus consumos. Solo destina sus gastos a alimentación, vivienda y educación. El resto pasa a segundo plano. “Y en educación compran lo mínimo a sus hijos y en muchos casos no los mandan a la escuela, así sea gratis, porque en los hogares pobres al niño lo ponen a trabajar para completar los ingresos”.
Márquez señala que las causas para el alto costo de los productos y servicios tienen su origen en la crisis mundial de alimentos, el alto precio del petróleo y la situación política interna.
Una encuesta de la consultora Market refleja que el 65% de ecuatorianos cree que el alza de precios se debe, sobre todo, “a las decisiones que ha tomado el presidente Rafael Correa y que han afectado a la producción en el país”, mientras el 35% cree que se debe a la especulación de productores y comerciantes.
Víctor Hugo Villacrés, gerente del mercado mayorista de Quito, afirma que la carestía no solo tiene componente internacional, como argumenta el presidente Rafael Correa. “Se da porque se han hecho mal las cosas en materia económica”, menciona. Y detalla: Se subió el salario en un 17% en diciembre del 2007 (de $ 170 a $ 200) cuando la inflación era de menos de un dígito. El costo se pasó a los empresarios y estos ajustaron sus finanzas; creció el desempleo y subieron los precios de diferentes productos.
“Se tomó medidas irresponsables, se aumentó sueldos, bonos y subsidios y hubo mayor liquidez. Eso significó presión. Si hay más demanda suben los precios... La economía se ha supeditado a los intereses políticos y electorales”, señala Villacrés, que tiene título de economista.
El presidente Correa, en su afán de controlar el alza de los precios –que él argumenta tiene origen en la situación alimentaria mundial y en los efectos del pasado invierno en el país– dispuso la fijación de precios de varios productos y envió un mandato agrícola para que lo apruebe la Asamblea.
Márquez y Villacrés dicen que con fijar precios no se soluciona la carestía. Con eso se genera especulación, contrabando y a la larga será un detonante para una peor crisis, argumentan.
Los consumidores sienten que la situación se pondrá aún más difícil en el futuro. “Ahora estamos estirando y estirando. No se puede dejar de comer pero puede ponerse peor esto”, afirma Nelly Carpio, una mujer de la tercera edad que subsiste con los $ 50 quincenales que le dan sus hijos. Hace cinco meses, por el alza de precios, dejó de comprar leche descremada, como le recomendó el médico.
Un estudio de la encuestadora Perfiles de Opinión en las ciudades de Quito y Guayaquil detalla que el 53% de la población cree que la situación económica del país va a empeorar; el 29,1% cree que seguirá igual y el 17,3% piensa que mejorará. Paulina Recalde, de esa empresa, explica que esa percepción se refiere a la carestía de la vida.
Detalles
Principales alzas
Los consultados para una encuesta de la consultora Market señalaron que los mayores aumentos de precios se dieron en el arroz (43%), aceite (21%), la papa (12%), la harina y el pan (15%).
Soluciones
El 31% de los ecuatorianos dice, según Market, que el problema de más urgente solución debe ser el alza de precios. Siguen la corrupción (25%), la delincuencia (21%) y la falta de empleo (19%).
Más costosos
El INEC determinó que los artículos que más subieron en el mes de junio pasado son la papa chola, presas de pollo, arveja tierna, zanahoria, choclos, carne de res sin hueso y limón.
Menos costo
Los que menos incidieron en la inflación de junio, según el INEC, son el pescado fresco, pollo entero, cebolla paiteña, tomate riñón, arroz flor, naranja, pimiento y mora; también los jugos de frutas.
Vendedores
Para evitar que las ventas caigan por los altos precios, algunos vendedores elaboran combos, es decir, una funda con varios productos que se vende a $ 1, estrategia que pasó de la calle al mercado.
Reclamos de comerciantes
José Llerena, Óscar Cedeño y otros comerciantes de pollo y carne en el norte de Guayaquil, dicen estar inconformes con la lista de precios de la Intendencia de Policía del Guayas.
Alza en el campo
Los carniceros dicen que si ha subido el precio del producto es porque los ganaderos incrementaron el valor del ganado en pie. Ellos también indican que es poco el margen de utilidad que perciben.