Domingo 20 de julio del 2008 Economía

Tenderos se quejan por ventas bajas y poco margen de utilidad

Tener una tienda dejó de ser rentable, dice Marina Franco, dueña de la despensa Elizabeth, de la manzana E-10 de la Guangala, en el sur de Guayaquil. Se queja por la poca utilidad que obtiene de la venta diaria, tanto por el escaso porcentaje que dan los proveedores como por la disminución del consumo debido a la carestía que afecta al país.

Inés Espinoza, tendera  de Las Malvinas; Rodrigo Lema, de La Floresta; María Rivera, dueña de una tienda en el norte de la ciudad, se lamentan igual.

Franco dice que hay días que cierra la caja con 10 dólares. Como promedio estima la venta diaria de $ 50, que le deja una utilidad de $ 12, $ 360 al mes. No paga arriendo pero sí luz, $ 50 mensuales. El trabajo en una tienda empieza  a las 06:00 y termina a las 22:00.

Los tenderos señalan que los márgenes de ganancias que dan las distribuidoras son mínimos. Por ejemplo, el atún tiene un costo para el dueño de la tienda de $ 0,95 y viene marcado para la venta a $ 1,05. El litro de aceite le cuesta al tendero $ 2,08 y debe venderlo a $ 2,19; 11 centavos de ganancia, equivalente a un 5%.

La mayoría de productos vienen ahora con sus precios de comercialización marcados, por lo que si el vendedor sube un centavo la gente reclama, refiere Rodrigo Lema, quien hasta hace un año vendía un promedio de  200 dólares al día. Hoy $ 130 como promedio, con una utilidad de 20 dólares, $ 600 al mes, pero debe pagar  120 dólares de arriendo y $  60 de luz.

El margen de utilidad no pasa del 12%. Patricio Loor, distribuidor que surte a 600 tiendas del norte y noroeste de Guayaquil, justifica que el porcentaje que dan las fábricas es mínimo. “Un tendero debería ganar al menos el 20%, pero  no se da. Nosotros los distribuidores tenemos un margen del 8% y menos; debemos vender mucho para ver alguna ganancia, porque se debe invertir en pagos de personal, bodegaje y transporte”, dice.

La baja capacidad de compra de la gente, motivada por el alza de precios, genera bajas ventas. Hay clientes que piden una funda de fideo de 20 centavos, 30 centavos de queso, un huevo y con eso preparan su comida. “No tienen para más y uno debe conformarse con centavitos”, dice María Rivera.

Los consumidores culpan del alza a los tenderos y comerciantes. Estos señalan a los distribuidores; ellos a las fábricas. Los comerciantes también reniegan porque por la carestía deben invertir más dinero. Iván Ascencio, de un puesto del mercado de Sauces IX, dice que hace un año invertía $ 400 para surtir su puesto y ofertar un sábado. Ahora necesita invertir $ 700.
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