Fadela Amara, secretaria de Estado de Política Urbana de Francia, había escuchado los problemas de la guardería, hablado con los empleados, abrazado a algunos de los niños y luego, en la puerta, camino a otra reunión en el suburbio racialmente diverso de Chanteloup-les-Vignes, fue detenida una vez más para una petición más.
“Escuchen”, dijo finalmente, “¡no soy el Zorro!” Sin embargo, a los 44 años, esta feminista de izquierda sin educación superior es algo más: una de las musulmanas de mayor rango en Francia, con la responsabilidad en general de llevar esperanzas a los pobres e iracundos suburbios de inmigrantes de clase trabajadora, que estallaron en llamas hace tres años.
El mes pasado, Amara estuvo al centro de una reunión de todos los ministros sobre estos problemas.
Cada uno era responsable de explicar en detalle un programa para ayudar a los 6 millones de ciudadanos franceses —alrededor de 8% de la población, la mayoría inmigrantes o sus descendientes— que viven en los suburbios, donde el desempleo juvenil puede alcanzar 40 %.
La idea es promocionar más creación de empleos y opciones culturales, un mejor cuidado de la salud, transporte, impartición de justicia y educación en lo que Amara llama los “territorios perdidos de la república”. Se supone que Amara, una de 10 hijos cuyo padre argelino es analfabeto, debe ser, como ella dice, “la líder de la orquesta”, armada sólo con una pequeña batuta y el respaldo del presidente Nicolas Sarkozy.
Sarkozy, quien como ministro del interior hace tres años tachó a los alborotadores de “chusma” y “escoria”, ha integrado a tres mujeres con antecedentes inmigrantes en su Gobierno, entre ellas Rama Yade, de 31 años,como secretaria de Estado de Derechos Humanos en el Ministerio de Relaciones Exteriores, y Rachida Dati, de 42 años, como ministra de Justicia. Amara, musulmana practicante, retiene el fuerte acento árabe y a veces usa caló.
Aunque es socialista, afirmó que se sintió harta del gusto del partido por el lujo y sus interminables batallas de liderazgo.
Sin embargo, nunca habría votado por Sarkozy, afirmó, y como “militante” autodescrita, encontró la manera de ingresar a la política por una ruta muy diferente y mucho más iracunda.
En 1978, a los 14 años, vio cuando un conductor ebrio mató a su hermano, Malik, de 5 años. Vio a la policía ponerse del lado del conductor y, “vi a la policía usar comentarios racistas contra mis padres, particularmente mi mamá”, dijo. “Desde entonces, aseguró, “estoy enojada y no acepto que haya injusticias en mi país”.
Radicalizada, se convirtió en férrea militante contra el racismo y en pro de los derechos de las mujeres.
Amara visitó Chanteloup-les- Vignes, comentó, para ver iniciativas prometedoras que podrían ser copiadas en otras partes, en lo que le gusta llamar “una política urbana hecha a la medida”. Le interesó en especial Baby-Loup, guardería que, inusualmente en Francia, está abierta las 24 horas, 7 días a la semana. Ofrece servicio a las empleadas domésticas, bomberas, oficiales de policía y trabajadoras casuales.
También le preocupa el creciente poder del islam radical entre los jóvenes desempleados, en los márgenes, quienes escuchan a predicadores en lo que calificó como “el islam de los sótanos”. Cree que los radicales son una minoría aislada.
“Pero no es normal que una parte de la juventud tenga como su futuro el desempleo, la cárcel o el islamismo”.