Su hija y hermana quieren traer su cuerpo desde Génova y tramitar el seguro de vida.
Beatriz Toapanta tenía 9 años y su hermana 5, cuando la madre de ambas, Isabel Rivera, viajó desde Guayaquil a Italia para obtener un trabajo que le permitiera mantenerlas y ayudar a su progenitora, María Luisa González.
Y aunque Isabel regresó a su ciudad natal en abril del 2006 para visitar a sus familiares por cinco días, sus planes eran quedarse definitivamente en la ciudad de Génova donde cumplía su sueño italiano.
“Tenía sus documentos en regla, un trabajo bien pagado cuidando a un anciano que la consideraba y el afecto de su nueva pareja, un italiano llamado Gaetano”, explicó su madre mientras mostraba fotos de Isabel en Italia.
Solo le faltaba cumplir su promesa de llevar consigo a su hija mayor, al hijo de esta de 1 año y medio, y a su mamá. Pero esto no será posible porque después de permanecer nueve años en Italia, Isabel, de 34, solo regresará al país para ser sepultada.
Su vida se apagó al ser degollada por una persona mientras se encontraba en su departamento ubicado en Sampierdarena, bautizado como el Barrio de los ecuatorianos.
Su cuerpo sin vida yacía semidesnudo en la cama y con todo en orden a su alrededor. Por este motivo las autoridades descartaron que se trate de un asesinato por robo.
Según las primeras investigaciones de la Policía de Génova se trataría de un crimen pasional y por eso son investigados todos los amigos y conocidos de la guayaquileña.
Hoy, la familia de Isabel pide a las autoridades ecuatorianas que la ayuden gestionando en la Embajada de Italia una visa humanitaria para su hija Beatriz y su hermana Graciela Rivera González, a fin de que ellas puedan repatriar el cuerpo al Ecuador para darle cristiana sepultura y realizar los trámites del seguro de vida.
“Solo queremos traerla para verla por última vez”, indicó Beatriz. “Ella era la única persona que me ayudaba económicamente para mantener a mi hijo. Soy madre soltera y no tengo trabajo”, agregó.
María Luisa también se mantenía con la remesa que su hija Isabel le enviaba. “Ahora no sé qué hacer”, expresó la mujer entre lágrimas.