La exposición permanecerá abierta hasta el próximo 31 de julio en la galería ubicada en Circunvalación Sur 111-A y V.E. Estrada.
Roberto Noboa (Ecuador, 1970), Alejandro Campins (Cuba, 1981) y Ariel Cusnir (Argentina, 1981) presentan una serie de trabajos dentro de la muestra Jai Lou Lait, que remite a los términos en inglés High (alto), Low (bajo) y Light (liviano), desviándolos fonéticamente de su estado reconocible, hasta que se cae en cuenta de esta travesura gramatical.
Quizás, la intención de la curadora Lupe Álvarez bajo el título que cobija esta exposición es iniciar el recorrido del espectador con una de las estrategias que además de un particular humor, los tres artistas comparten: la utilización de referencias desacomodadas; incitando así desde el inicio a que no se conformen con la simple apariencia, sino que se vuelvan exploradores para lograr apreciar todo lo que estas obras acogen.
Era diciembre y hacía frío, escapó tan rápido como pudo es la pintura de Roberto Noboa, que abre la exposición. Es un gran salón de líneas poco definidas con techos altos y arañas de cristal en la cual reemplaza su piso central por una cancha de tenis. El absurdo que surge de esta descontextualización demuestra ese carácter burlesco que el artista ha ido incrementando desde que empezó a tomar este deporte como eje visual de sus series, apuntando al sentido snob e irreal que ese ámbito puede desprender.
El hermetismo que caracteriza la creación de Noboa se ha enfatizado, su producción explicita menos y sugiere más, sus tácticas formales desvanecen las líneas, coquetean con la abstracción y dejan a la figuración para elementos clave, aunque intencionalmente inconclusos en varias ocasiones. Y los colores –verdes oscuros, limón o pastel, rosas o naranjas estridentes y ocres lodosos– son pensados como espacios en sí mismos o como mecanismos que desacomodan o hasta incomodan la composición, con la pericia de quien entiende qué hilo se debe halar para crear esa perturbación.
Lo contrario hace Ariel Cusnir, quien perturba con sus detalles, con la presentación de un mundo muy creíble que por alguna razón indefinible simplemente no lo es. Su colorida pintura se conjuga con cierta trama digital formando escenas que se presienten como montajes, ficciones y escenografías aparentemente banales, pero que padecen de una excesiva calma que más bien forjan un ambiente de tensión, como el momento previo a que algo suceda.
Donde sí pasan cosas es en las piezas de Alejandro Campin. Con una constante referencia –mayoritariamente sutil– a su Cuba natal, narra acciones, hechos y hazañas para los que va dejando pistas, pero sin dejar saber de qué se tratan exactamente. En su trabajo predomina el sentido del humor a través de textos o ligeras mofas a ciertos estereotipos o maneras de entender su lugar en el mundo, lo que sumado a su trazo desenfadado le da un sentido sumamente fresco pero al mismo tiempo muy profundo a su producción.
“Creadores de atmósferas, donde la realidad reconocible se presenta desmarcada de las leyes “normales”... como si cada elemento habitara con propiedad un mundo extrañamente verosímil”, escribe la curadora en el catálogo de Jai Lou Lait, al describir qué es lo que une a estos artistas además de la potencia de sus pinturas y dibujos, más allá de sus personales estéticas.