Sábado 19 de julio del 2008 El Gran Guayaquil

Estampas porteñas

Pasando la ‘prueba’ en la ciudad de Guayaquil

Evocaciones de José Hidrovo Peñaherrera,catedrático y autor de libros.

A mediados del siglo XX, llegados a Guayaquil desde Portoviejo con su orgullosa cultura ruralista y montubia,  la ciudad  se nos ofrecía como un mundo diferente.

Florecida después de un proceso urbano en mucho señalado por su condición de puerto y con pasado fresco, nuevo  y reluciente.

La ría con su amplitud y suave vaivén exhibía vistoso traje con sonoro movimiento de grandes barcos, motoveleros, lanchas, balsas, canoas y otras embarcaciones.

Al oeste, más acá del malecón y el sur de los cerros, con el anuncio de los mercados se iniciaba el intenso trajinar de los laboriosos habitantes.

Más allá de enfrentar la etapa universitaria, entendimos la necesidad de adaptarnos, caer bien en el barrio y con los vecinos. Para ello debíamos cumplir ciertos ‘requisitos’.

Saber comer cangrejos no era cosa fácil. Cuando el horario de trabajo nocturno como profesor del colegio Marco A. Reinoso lo permitía, con los amigos de Sucre y Boyacá acudíamos  al local de Manuel, ubicado en Alcedo y Seis de Marzo. Después de algunas visitas  creo que alcanzamos nuestro propósito.

Disfrutar de unas cervezas Pilsener  heladas. Dos sucres cuarenta centavos cada botella. Con un billete  de 10 sucres había para cuatro y sobraba para un cigarrillo.

Tres sucres un plato de seco de chivo, igualmente resolvíamos otra expectativa.

Raudos se desplazaban los buses por las agitadas calles. Había que subir o bajarse al andar. Para subir, mano a la agarradera y rápido el pie al estribo. Bajando, pie derecho adelante, cuerpo hacia atrás para mantener el equilibrio.

Aprendizajes que ayudan con recuerdos, en este, nuestro interminable caminar.

El Gran Guayaquil

Diseño

© Copyright 2009. Compañia Anónima EL UNIVERSO. Todos los derechos reservados.