Durante el monólogo se notó que el artista estaba muy enterado de las expresiones, costumbres e idiosincrasia guayaquileña. El público quedó satisfecho.
Entonando de principio a fin la tradicional canción Guayaquileño, madera de guerrero y con un “¡Viva Guayaquil!”, el comediante mexicano Adal Ramones presentó el pasado jueves su monólogo, en la plataforma del MAAC. El artista hizo gala de su capacidad de improvisación, carisma, sencillez y simpatía. Vestido con una camisa negra, jean y su inseparable gorra (la agitaba para saludar), agradeció la presencia de los asistentes que coparon el lugar.
“A mí me dijeron que el río Guayas era un brazo de mar, pero ahora sé que es un río. ¿Qué mismo es? Digamos que es un río mar”, dijo con tal convicción que aunque no concordaba arrancó risas del público.
Durante el show combinó a ratos su picaresco humor con expresiones locales y en ocasiones se declaró ignorante para que el público le explicara el significado de las palabras. Por momentos utilizaba el doble sentido y finalizaba cada intervención con su tradicional frase “no mames, buey”.
Adal Ramones no tocó temas polémicos sino más bien cotidianos, como la convivencia en familia, los hijos, los padres, las mascotas, la delincuencia, él era parte de sus relatos jocosos y se burlaba de sí mismo. Al hablar de tecnología recordó viejas vivencias antes del boom tecnológico y los cambios de la sociedad hasta hoy. Se refirió también a su etapa escolar, anécdotas con los profesores y la actitud de los estudiantes frente a la vida.
Los superhéroes y las caricaturas entraron en su repertorio. Batman, Robin, la Mujer Maravilla, Flash y Barney fueron recordados y analizados a su manera. Todo era válido para hacer reír a la gente, y lo logró, pues más de uno se sintió identificado con sus historias de vida, muchas de ellas las tildó de “absurdas”. Sus intervenciones estuvieron acompañadas de efectos de sonido y luces. El público respondió con aplausos, carcajadas y hasta con lágrimas.
Durante el monólogo, Ramones utilizó el verbo chingar (molestar) con diferentes contextos y significados. Así transcurrieron más de dos horas de la noche, en un ameno monólogo, a veces conversación, donde a ratos se notó el tic de tocarse el hombro. El momento más emotivo de la noche fue antes de su despedida, cuando contó sobre sus inicios.
“Un día decidí dejar Monterrey y viajar a México DF. Tomé un bus y tomé una revista de un viajero que estaba a mi lado mientras este dormía. Leí una frase que explicaba que no importa qué tan lejana esté la estrella que estás buscando, lo importante es ir tras ella, porque el motor de todo es el sueño y las maravillosas personas que vas a conocer. Es valioso luchar por los sueños, las otras cosas vendrán por añadidura”, dijo.
Con esta reflexión y dándole gracias a Dios por el don de hacer reír a la gente, el mexicano concluyó su intervención, la cual fue ovacionada por los presentes. Antes de retirarse del escenario, Ramones se arrodilló, besó la tarima y gritó: “Dios bendiga Guayaquil”. Se escuchó el fondo musical de su desaparecido programa ‘Otro rollo’, sellando así una noche de nostalgia, risas y aplausos.