Viernes 18 de julio del 2008 El País

Un museo representa al sombrero de paja

CUENCA | Sandra Ochoa

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CUENCA. Alicia Ortega, gerente de la empresa Homero Ortega e Hijos, recorre el nuevo museo dedicado al sombrero de paja toquilla y que es un nuevo atractivo turístico de la ciudad.

Las fases de elaboración del sombrero de paja forman parte de la exhibición.

Una de las artesanías que representan la identidad azuaya es el sombrero de paja toquilla y los elementos que intervienen en su elaboración desde hace más de un siglo.

Por esta razón que la representación del proceso, desde la cosecha de la palma hasta el producto final, se expone desde hace dos semanas en un museo de Cuenca.

En la fábrica de sombreros Homero Ortega e Hijos, desde hace quince años se destinó un sitio para ubicar las hormas de madera que utilizaron los primeros tejedores de este artículo, un caldero para prensarlos y las planchas de bronce que funcionan con carbón y que hasta ahora se utilizan para darles tersura y brillo.

Pero ahora este sitio se convirtió en un museo, donde el recorrido empieza con una construcción de adobe, techo de paja y columnas de roble con las que se representan los portales de las primeras viviendas morlacas, donde las tejedoras preparaban la paja y empezaban a dar forma a los sombreros.

Allí se sienta Consuelo Jimbo, una joven artesana que heredó el arte de sus abuelos. Con sus hábiles manos y con paciencia  demuestra cómo se teje este lujoso artículo, que en sus inicios fue utilizado por campesinos.

Varias fotografías donadas por el Banco Central del Ecuador, ubicadas a lo largo del recorrido, demuestran que desde la época aborigen las poblaciones utilizaban el sombrero, además grafican cómo era el proceso de tejido y transporte en acémilas desde Cuenca hacia otras regiones del país.

Un planchador de sombreros elaborado en cera, ubicado frente a una gran mesa de madera con unas perforaciones en el costado derecho, donde se coloca el sombrero, representa la forma de hacer este oficio y que hasta ahora es indispensable en su elaboración.

Luego se observan diversas fotografías de personajes que usaron el sombrero de paja toquilla en varias partes del mundo y después un espectáculo multicolor se abre ante los ojos de los visitantes: cientos de sombreros en el piso se secan para pasar a las máquinas prensadoras que funcionan a vapor, donde se les da forma tradicional o redondeada.

De allí pasan a los talleres de acabado y después a una sala donde funciona una docena de máquinas de coser eléctricas; es ahí donde las obreras le dan toques graciosos, coquetos y modernos, para que finalmente salgan al consumidor.

Alicia Ortega, gerente de la empresa y la primera de tres hermanos que heredaron este arte, explicó que, paradójicamente, este artículo se usa con mayor frecuencia en el área rural de las provincias de Azuay, Cañar, Loja y Manabí, y otro alto porcentaje se exporta.

En la empresa Homero Ortega e Hijos, ubicada en la avenida Gil Ramírez Dávalos, se fabrican 1.500 docenas de sombreros de paja toquilla al mes y el 95% se exporta a 28 países de los cinco continentes.

MÁS DATOS: Antecedentes

Exportación
Los primeros sombreros de paja toquilla ecuatorianos se exportaron a Panamá para la protección de los obreros que construían el Canal.

Exposición histórica
En una feria de Francia, en 1855, se expuso por primera vez como complemento de la vestimenta y empezó su exportación. Allí el francés Thilitte Raimondi lo bautizó como “Panama hat”.

Productores artesanos
Según estadísticas, existen solo doce maestros en Biblián y Manabí que logran desmenuzar en una pulgada entre 12 y 40 hebras de paja, lo que da como resultado el sombrero más fino.

Costo
Entre 15 y 300 dólares oscilan los precios de este artículo, que hoy en día se expone en las pasarelas de moda a nivel internacional.
El País

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