Las calles del centro de Sidney se transformaron este viernes en un enorme
teatro al aire libre, donde fue puesta en escena una deslumbrante representación
del Viacrucis, observada por el papa Benedicto XVI y cientos de miles de
peregrinos que asisten a las Jornadas Mundiales de la Juventud.
Las estaciones de la cruz se sucedieron por las soleadas calles de la
metrópolis desde la catedral de Santa María, donde el pontífice oró al inicio de
la representación de las últimas horas de Cristo, hasta la crucifixión en
Barangaroo, donde de telón de fondo estuvo la famosa bahía de Sidney mientras
atardecía.
Unos 80 actores pusieron en escena el Viacrucis, que con su espectacular
producción estuvo más cerca de una obra de Broadway que de la austeridad que
promulga Benedicto XVI, seguido por el Papa desde una pantalla en la cripta de
la catedral.
También contribuían a crear un ambiente más festivo que de recogimiento los
jóvenes, que comían palomitas de maíz y helados, conversaban y se reían, al
inicio de la representación.
Pero a medida que Jesús iba sufriendo los martirios, y ensangrentado
transportaba la pesada cruz, el ambiente se volvía más sobrio.
"Tener atrás a la famosa Opera de Sidney, mientras vemos este espectáculo, es
algo de verdad que impresiona", dijo a la AFP el chileno Miguel González,
maestro de 33 años de Valparaíso, quien llegó junto a otros compatriotas
momentos antes de que empezara el Viacrucis para tomar un sitio privilegiado y
poder observar una de las estaciones.
La Opera, con su mundialmente reconocible forma que asemeja conchas marinas
apiladas, se transformó en el palacio de Poncio Pilatos.
Viacrucis congregó a miles de fieles
Jóvenes de todas las nacionalidades trepaban a los árboles o se montaban unos
en los hombros de los otros, para poder observar el Via Crucis.
Un residente de Sidney originario de Filipinas, Cornelio Sorano, indicó que
la representación de las estaciones de la cruz cobraba importancia porque
ayudaba a los 215.000 peregrinos que han congregado las JMJ a entender el
sufrimiento de Cristo.
"Para mí, es una de las más importantes partes de la fe católica", dijo
Sorano, quien señaló que se tomó unos días libres en el trabajo para poder
participar en las JMJ. "Esta es una oportunidad única en la vida, por eso
tenemos que estar acá mientras el Papa está en Sidney", agregó.
Según los organizadores, el Viacrucis fue observado por medio millón de
televidentes en el mundo.
Este fue uno de los actos masivos de las JMJ, que comenzaron el martes con
una misa para 150.000 peregrinos. El jueves, medio millón de personas saludó al
Papa, quien surcó la bahía de Sidney a la cabeza de una flotilla de 13 naves,
mediante la cual se unió oficialmente a la fiesta católica.
Y el epílogo también se anuncia multitudinario: se esperan unas 500.000
personas para la misa que oficiará Benedicto XVI en el hipódromo de Sidney el
domingo.