Estar a bordo de uno de los barcos que escoltaron el bote papal de Benedicto XVI mientras surcaba la bahía de Sidney fue el privilegio que este jueves tuvo la colombiana Ana María Garzón, quien describe la experiencia como "lo más maravilloso de mi vida".
"Estábamos en el barco esperando, y cuando vi que se acercaba el bote con el Papa, pasaba por delante, fue el momento más maravilloso de mi vida", dice la muchacha, cubierta con la bandera colombiana como si fuera una capa.
Garzón, de 23 años, fue uno de los 1.900 peregrinos que viajaron en los doce barcos que escoltaron al bote papal, desde la bahía de Rose hasta Barangaroo, un trayecto de 45 minutos que llevó al pontífice adonde 150.000 personas le dieron la bienvenida a las Jornadas Mundiales de la Juventud (JMJ).
"Pude ver al Papa desde bien cerca cuando nos saludó, me recargó el espíritu", cuenta José Miguel Vélez, un mexicano de 17 años que observó la ceremonia, que estuvo aderezada con danzas aborígenes australianas.
El seminarista dominicano Stalin Cárdenas se emociona cuando cuenta que "al Santo Padre le vi la sonrisa en el rostro. Esta es la segunda vez que lo veo, y ver esa alegría me llena de fuerza para seguir por el camino del Señor".
Su madre Aurora, que lo acompaña de la mano mientras ambos abandonan el lugar luego de que finalizara la ceremonia, destaca el "emocionante mensaje para la juventud" del pontífice.