miércoles 16 de julio del 2008 Columnistas

Tipos de conocimiento

Los que tenemos el privilegio de escribir en medios de comunicación, nos preguntamos si vale la pena aquello que escribimos. ¿Aporta algo nuevo?, ¿ayuda a construir un mundo mejor?, son las preguntas que siempre me formulo cuando mis dedos traducen aquello que tengo en el corazón y en la mente.

La libertad de expresión tiene una contraparte, no podemos decir todo lo que pensamos, porque hay una responsabilidad moral con los lectores. Hay veces que es mejor callar, esperar, dejar rumiando las ideas. Otras hay que provocar, mover certezas. Ayudar a pensar. En mi caso trato de no dar respuestas sino dejar la inquietud que bucea en sí misma o en diálogo con los demás, posibles soluciones.

Hace poco en un documental que exploraba la mente humana se pasaron testimonios increíbles. Personas que llaman “savants”, son capaces de decir, sin pensar, fechas precisando años y días de la semana, de lo que han vivido hace años sin equivocarse. Otros hacen operaciones inverosímiles, en segundos.

El profesor Fernando Maldonado explicaba hace pocos días en un seminario de programación Neurolingüística, que el ignorante que ignora su falta de conocimientos, es realmente ignorante; el que se da cuenta que no sabe, está en buen camino. El que es consciente de lo que sabe, empieza a tener conocimientos, pero el que verdaderamente conoce es el que sabe de manera inconsciente, es decir tiene tan incorporados los conocimientos que es como el caminar y respirar,   casi no nos damos cuenta que lo hacemos.

Si además no solo pensamos con el cerebro sino que todas las células de nuestro cuerpo piensan y sienten, tenemos un universo deslumbrante que apenas conocemos. Han comprobado en el 35% de los casos de personas que han recibido trasplantes de corazón, que los receptores desarrollan habilidades que tenía la persona cuyo corazón ha sido trasplantado. Hay quienes nunca escribieron poesía, ni pintaban cuadros y ahora lo hacen como lo hacia el donante.

Tenemos mucho que aprender como seres humanos si logramos el desafío de respetar la naturaleza y convivir en armonía. Por lo tanto, aprender a pensar por nosotros mismos es el reto. Para desarrollar todas las capacidades que ni soñamos tener.

Y allí surgen preguntas. Yo tengo muchas. Comencemos por algunas.

Se pedía a la Asamblea que reconozca  a los montubios, como se hace con los pueblos indígenas y negros. ¿Estos aceptarían ser denigrados en programas televisivos como sí se lo hace con los montubios?

El llamado periodismo de farándula: ¿es realmente periodismo o simple chismografía barata para lo que no hace falta ninguna preparación especial?

Si durante la transmisión de los partidos de fútbol nacional, a un ritmo extenuante nos pasan publicidad estatal que lleva implícito el voto por el Sí, ¿se está haciendo uso de la libertad de expresión?

Si haciendo lo que había que hacer en el caso Isaías, y nos congratulamos y aplaudimos por ello, algunos medios de comunicación pasan a manos del Estado de manera transitoria, pero la transitoriedad irá seguramente hasta después del referéndum,  ¿los informativos y programas de opinión que son los que forman pensamiento político, qué sesgo tomarán? Los directores puestos por el Estado difícilmente darán cabida a cuestionamientos menos a críticas del quehacer gubernamental. La intransigencia y falta de receptividad demostrada no auguran capacidad de dar espacios a pensamientos divergentes.

Con esas y más preguntas, ¿en qué tipo de conocimiento estamos como ciudadanía según lo señalado por Maldonado?
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