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Uno de los factores en esta consideración es la acuciante necesidad de tropas adicionales en Afganistán, donde el Talibán y otros combatientes han intensificado su insurgencia e infligido un número cada vez mayor de bajas en contra de afganos y fuerzas encabezadas por estadounidenses allá.
El gobierno del presidente George W. Bush está considerando el retiro de más fuerzas de combate, a partir de septiembre, de Iraq, con base en información de funcionarios de la Administración y oficiales castrenses, lo cual hace surgir la perspectiva de un plan mucho más ambicioso de lo anticipado apenas unos cuantos meses atrás.
Un retiro de esta naturaleza sería un marcado giro respecto del nadir de la guerra en 2006 y 2007.
Uno de los factores en esta consideración es la acuciante necesidad de tropas adicionales en Afganistán, donde el Talibán y otros combatientes han intensificado su insurgencia e infligido un número cada vez mayor de bajas en contra de afganos y fuerzas encabezadas por estadounidenses allá.
Más tropas estadounidenses y de sus aliados murieron en Afganistán que en Iraq entre mayo y junio, lo cual marca una sombría tendencia que ha persistido a lo largo del presente mes.
Si bien no se ha tomado decisión alguna, para cuando el presidente Bush abandone el cargo el 20 de enero, cuando menos una y casi tres de las quince brigadas de combate que están actualmente en Iraq podrían ser retiradas o cuando menos programarse su retiro, dijeron los oficiales.
El deseo de avanzar con mayor rapidez refleja la opinión de muchos integrantes del Pentágono que buscan aligerar la intensa presión sobre las fuerzas armadas pero, al mismo tiempo, liberar más efectivos militares para Afganistán y, quizá, otras misiones.
“A medida que las fuerzas de seguridad iraquíes se vuelvan más fuertes y mejoren, nosotros seremos capaces de seguir reduciendo el nivel de nuestras tropas en el futuro”, dijo el Secretario de la Defensa, Robert M. Gates en Fort Lewis, Washington, el martes de la semana pasada. “Además, pienso que esta transición de control y de responsabilidad, principalmente responsabilidad por la seguridad, es un proceso que ya está bien avanzado y con base en lo que he oído, será capaz de seguir”.
El general David H. Petraeus, el comandante estadounidense en Iraq, ya comenzó con la revisión de los niveles de seguridad y tropas, él y Bush prometieron en abril que ocurriría este tipo de revisión. Se anticipa que Petraeus tenga mayor cautela de la que pudiera gustarles a ciertos legisladores en la Administración y el Pentágono. Los funcionarios, quienes hablaron a condición de mantenerse en el anonimato debido a que estaban hablando sobre planeación militar, dijeron que era más probable que Bush recomendara una reducción menor, pero un retiro incluso así.
Un prominente funcionario de la administración Bush advirtió que el Presidente, quien tendrá la última palabra, se mostraría reacio a darle su aprobación a profundas o expeditas reducciones si eso pusiera en peligro su objetivo relativo al establecimiento de un gobierno estable y democrático en Bagdad.
De cualquier forma, existe un amplio consenso en Washington y Bagdad en cuanto a que más fuerzas estadounidenses ahora pueden marcharse de Iraq y que se necesitan más en Afganistán.
“En verdad no se ha dado discusión alguna sobre número ninguno, y se fundamente, en definitiva, en las condiciones sobre el terreno”, dijo un oficial militar en Bagdad. Además, las condiciones –prosiguió– “son mucho más favorables que en diciembre o abril o incluso dos meses atrás”.
Petraeus, quien renunciara a la comandancia en Iraq en septiembre, también asumirá pronto el control como el comandante del Mando Central de Estados Unidos. En dicho puesto, él supervisará a las fuerzas de Estados Unidos a lo largo de Oriente Medio y el centro y sur de Asia, incluidas las guerras en Iraq y en Afganistán. El jueves pasado, el Senado estadounidense confirmó tanto a él como a su sustituto en la comandancia de Iraq, teniente general Raymond T. Odierno, a sus nuevos puestos.
En el pasado, el Pentágono había dado indicaciones que los comandantes querían más tropas en Afganistán –casi 10.000 más que los aproximadamente 32.000 de estos días– pero con dos guerras que presionan intensamente al Ejército y la Armada de Estados Unidos en particular, los oficiales han enfrentado complicaciones para producir los efectivos adicionales.
Una reducción de brigadas de combate en Iraq liberaría tropas adicionales que, mejor, podrían ser enviadas a Afganistán, aunque algunos oficiales comentaron que ninguna fuerza adicional iría sino hasta el año entrante, cuando se prevé que la lucha se intensifique con la llegada de la primavera.
Gates ya extendió en un mes el destacamento de una fuerza de 3.200 infantes de Marina en el sur de Afganistán, esencialmente hasta que llegue el invierno y cierre muchos pasos montañosos y remotas aldeas.
De manera similar, el Pentágono anunció el nuevo despliegue de la barrera aérea Abraham Lincoln y sus barcos de apoyo desde el Golfo Pérsico hasta el Mar Arábigo, a fin de proporcionar lo que uno de los oficiales describió en términos de un mayor poderío aéreo y vigilancia para la misión en Afganistán hasta la primavera entrante.
“Claramente, nosotros hemos visto un aumento en la violencia en Afganistán”, dijo Gates en el Fuerte Lewis, cuando hablaba sobre el nuevo destacamento. “Al mismo tiempo, hemos registrado una reducción de la violencia y las bajas en Iraq. Pienso que eso tan solo es una parte de nuestro compromiso por garantizar que tengamos los recursos disponibles para alcanzar el éxito en Afganistán en el largo plazo”.
* Eric Schmitt contribuyó con información desde Washington.
© The New York Times News Service. |