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Para reverdecer la Península |
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La sed se aquieta por sorbos, nunca de una sola vez, ni de un solo bocado; al hacerlo paulatinamente sentimos el placer que el agua entrega a nuestro paladar; la exquisitez del mejor de los vinos o el brandy más añejo quedan atrás, en una buena sed el agua colma todas las expectativas del trago más apetitoso; si nos hallamos en lugares áridos unas cuantas gotas nos entregan deleites insospechados. Algo similar pasa, amigas y amigos, en nuestras vidas: cuando la soledad golpea a nuestras puertas y la dejamos entrar, la visita de un amigo lejano sustituye el calor que nos falta; igual la llamada amiga cuando nuestros oídos dejaron de escuchar a la persona amada o cuando las palabras de quienes más queremos suenan a dictámenes de sentencias condenatorias o esgrimen juicios basados en normas fundamentalistas reñidas con la humana fragilidad. Todos tenemos días llenos de luz y esperanzas; días grises y fríos; noches que abrigan idilios y presagian amaneceres llenos de energías; también negras noches que aprisionan el alma y nos quitan las ganas de vivir.
Vivimos en medio de cavilaciones, problemas de trabajo, dificultades financieras, educación de los hijos, vecinos incómodos, muertes que nos arrebatan personas amadas, defectos que se convierten en pesado lastre, costo de la vida, futuro incierto del país, contenidos enigmáticos de una Constitución construida a rajatabla, futuro riesgoso para la educación ecuatoriana, privación de libertades, incertidumbres de variada índole. En medio de este clima sicológico –del cual no puedo abstraerme– hay instantes que llenan el alma y hacen desaparecer todo resquicio de pesimismo. Valga este ejemplo.
Mi esposa y yo recibimos en la Milina (200 metros mar adentro) a una nutrida delegación de ciudadanos peninsulares, menos uno todos nacidos fuera de Santa Elena, hoy todos afincados en ella; querían constatar in situ si la salinidad era un verdadero enemigo para los cultivos o un obstáculo fácilmente superable, porque para estos amigos la protección del medio ambiente, la reforestación de amplias zonas y la jardinería hogareña son temas vitales, pues sueñan con bosques rurales, con parques llenos de árboles y flores; quieren contagiar esta fiebre a toda la provincia hasta conseguir que Santa Elena sea el oasis más verde del Ecuador.
Pude mostrarles caña de azúcar, paja toquilla, cocoteros, aguacates, nonis, neems, granadas, eucaliptos, tomates, lechugas, ajíes, zanahoria, cebollas, maracuyá, mangos, guayabas, higos, orquídeas, yuca, papa china, guineo, uva, a más de plantas y flores ornamentales de variados colores. No faltó el consabido guarapo (jugo de caña de azúcar) molido por los visitantes en un ingenioso trapiche trabajado en Gualaceo, provincia del Azuay. Con estas damas y caballeros nos unen ahora el amor a la naturaleza y el deseo de que toda la península de Santa Elena pueda, en pocos años, volverse verde y fértil. Ellos tienen planes ambiciosos y reales: conferencias, motivaciones en las comunas y parroquias, conversaciones con las autoridades seccionales, entrega de planificaciones específicas y voluntad de servicio suficiente que ha conseguido agrupar a voluntarios en un movimiento que pretende ser arrollador. Suficiente elíxir, amigas y amigos, para refrescar el espíritu y devolverle la esperanza. |
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| Steven Lee Myers * |
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“La inteligencia emocional en el aula” es el nombre de la conferencia que se realizará el 17 de julio en Aletheia Internacional en Kennedy Norte, calle Alavedra Tama y Miguel H. Alcívar, Mz 201 V 16. Informes: 239-5095. |
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