Miércoles 16 de julio del 2008 Vida

La rinoplastia secundaria

Una alternativa para corregir cirugías de la nariz

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Resultado defectuoso de una primera rinoplastia.

De seis meses a un año debe esperar el paciente que, insatisfecho con una operación primaria, quiere someterse a otra operación.

Por estética Carla (nombre protegido) decidió someterse a una operación de rinoplastia, pero los resultados, dice, no fueron satisfactorios. Su nariz no quedó como esperaba y durante dos años soportó las miradas curiosas de la gente.

“Mi autoestima estaba por el suelo”, agrega y admite que  tenía temor de someterse a otra intervención quirúrgica. “El cirujano que me practicó la primera operación deslindó responsabilidades. Era notoria la desviación de la punta de la nariz, pero él le restó importancia y atribuyó mi malestar a un delirio de perfeccionamiento”.

Superando los miedos, agrega, acudió a otro cirujano, quien le confirmó la posibilidad de realizar correcciones mediante la llamada rinoplastia secundaria o de revisión.

Esta consiste en corregir posibles imperfeccciones de la primera rinoplastia, causadas  cuando al hacer la osteotomía (sección quirúrgica del hueso hecha con cincel y martillo) se fractura el hueso, se observa una laterorrinia (nariz torcida) o no hay buena respuesta de los tejidos, explica el cirujano plástico Difilo Vargas Díaz.

El especialista señala  que son reincidentes los casos en que el hueso de la nariz ha sido colapsado (hundido), el tabique perforado, la piel de la nariz mal decolada (ocasionando daños al músculo) y la mucosa o tejidos internos afectados.

Hay quienes recurren a la rinoplastia secundaria para desaparecer una cicatriz –resultado quizás de una operación anterior– o hallar solución a un problema de sinequia (adherencia que dificulta la respiración), ocasionada por sobrantes de mucosas que forman protuberancias en las paredes nasales.

Entonces, refiere Vargas Díaz, son necesarios los injertos cartilaginosos, de costilla (hueso), piel con colgajo, más utilizados en lesiones severas, producidas por accidentes donde la nariz queda prácticamente destrozada. “Las alternativas quirúrgicas son muchas”.

Por su experiencia, de 30 años de carrera, Vargas Díaz indica que prefiere los injertos naturales (óseos o cartilaginosos de la misma persona) que los de sustancias aloplásticas o silicona, porque la nariz forma fibrosis e inflamaciones en el 85%. Los pacientes registran, por tanto, dolores severos.

“Estos funcionan bien en cualquier parte del cuerpo, pero no en la nariz. El 15% de los pacientes se adapta, pero en otro 80% lo rechaza”.

Estadísticas registradas en sitios web como www.secpre.org, www.clinicaarquero.com y www.drsunol.com señalan que entre el 5 y 10% de pacientes intervenidos primariamente recurren a una revisión. Lo hacen para mejorar su salud física y emocional, pues muchos creen que no hay solución a su caso o caen en terribles depresiones.

Tras la primera experiencia quirúrgica, el paciente deberá esperar seis meses para, si  lo amerita, someterse a una segunda intervención. Hay casos en que incluso se requiere más de un año, pues es necesario que desaparezca la inflamación a los tejidos (fibroblastos) llegando a su normalidad.

“Máximo se pueden realizar tres operaciones, aunque hay pacientes que han llegado a mi consulta tras haberse practicado hasta cuatro”, comenta Vargas Díaz. La inconformidad es comprensible, “pero el cirujano tratante deberá ser cauteloso y direccionar bien al paciente”.

La rinoplastia secundaria se puede efectuar por etapas y lograr mejoría entre el 50 y 70%.  “Cuando la lesión no es severa se logra el 100% de arreglo y dependiendo del caso la intervención dura entre 40 minutos y una hora; se puede utilizar  anestesia local o general”.

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