martes 15 de julio del 2008 Columnistas

Perspectiva de la crisis alimentaria

Es paradoja enorme que años de investigaciones y manipulaciones tecnológicas con los vegetales eclosionen hoy produciendo cosechas abundantes, al mismo tiempo que ocurren hambrunas masivas, se dispara el precio del petróleo mientras se utilizan vegetales transgénicos para reemplazarlo, se talen selvas enteras para cultivar aquellos vegetales eliminando a cientos de especies vegetales y animales, se desencadenen inundaciones y sequías, y se multipliquen, por millones los habitantes del planeta. La crisis alimentaria refleja estos contrastes.

Hay regiones que, crónicamente, han sufrido de hambre pero que hoy se abocan a la hambruna. Es el caso de África, donde 21 países padecen cruelmente por falta de alimentos. Igual ocurre con 15 países de otros continentes. Inundaciones y sequías han causado estragos terribles, pero en todos los países la crisis se debe ante todo a factores externos.

Según datos de la Universidad de Columbia, Estados Unidos, el precio comercial del trigo, a comienzos del 2006, fue de 325 dólares por tonelada métrica; alcanzó 900 en marzo de este año. El maíz pasó de 250 a 560 dólares. El arroz incrementó su precio en 101% y la soya, en 56%.

La producción mundial del maíz aumentó, pero en Estados Unidos se dedicó sobre el 30% para producir alcohol. ¿Los estímulos? La demanda y el subsidio que el gobierno otorga al alcohol producido para su uso como combustible. La meta para el 2012 es producir 7,5 billones (americanos) de galones de alcohol, mayormente a base de maíz. La administración Bush, además, redujo al mínimo el fondo del Grupo Consultivo sobre el Desarrollo de la Agricultura Tropical.

Países como Egipto, India y Vietnam, grandes exportadores de granos, han prohibido ya exportar arroz a fin de satisfacer sus propias necesidades, pero ello ha agravado la crisis alimentaria de los países importadores.

Ecuador importa trigo para un 95% de su consumo, maíz duro y soya. Fuimos autosuficientes en trigo y cebada hasta los años 40. La introducción de trigo norteamericano subsidiado llevó a liquidar la producción nacional; respecto a la cebada, la exportábamos a Colombia, ahora la importamos. La mayor cantidad de soya que consumimos es importada y del tipo transgénico. Su producción nacional es deficitaria. Ocurre igual con el maíz duro.

En esta época de devastadores efectos globales, nos es imprescindible un plan estratégico de emergencia: estimular la producción de los mencionados granos y en el caso del arroz, incluso para exportarlo.
Querámoslo o no, el mundo va hacia el uso de biocombustibles. Para sustituir parcialmente la gasolina subsidiada, podemos y debemos incrementar el cultivo de caña de azúcar y palma africana, a fin de utilizar el alcohol y demás derivados. No nos quedan otras opciones.
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