martes 15 de julio del 2008 Columnistas

Relaciones decentes

El gobierno ecuatoriano ha exigido al pueblo colombiano, como condición para restablecer relaciones diplomáticas con el Estado colombiano, que elijan a un gobierno decente. Como a su juicio el actual gobierno colombiano es indecente, y el Ecuador solo tiene relaciones diplomáticas con gobiernos decentes, entonces el Ecuador no puede tener relaciones diplomáticas con Colombia.

Vaya que es un elemento nuevo este de la decencia. Ahora en adelante será el nuevo requisito que nuestra Cancillería probablemente exija a los embajadores de países extranjeros: que sus países de origen pasen un examen de decencia ante el tribunal de Carondelet. Si no superan la prueba se les pedirá a sus respectivos pueblos que elijan bien, que no se equivoquen, que lleven al poder a un gobierno decente en las próximas elecciones, y solo entonces esos estados podrán ser reconocidos jurídicamente.

Al parecer el gobierno de Irán ha superado ese examen de decencia, pues, se viene proclamando un asombroso entusiasmo diplomático por dicho gobierno.  Por un gobierno que ha declarado abiertamente sus dudas sobre la existencia del Holocausto y que no tuvo empacho en convocar en 2006 a un cónclave internacional con esa intención (International Conference to Review the Global Vision of the Holocaust), con delegados que incluyeron a representantes del Ku Klux Klan.  Ese es, por ejemplo, un gobierno decente, tan decente que su presidente fue invitado a la ceremonia de asunción de mando del actual gobierno.

Al parecer otro gobierno decente, según el metro con el que Carondelet mide a los gobiernos extranjeros, fue el de Fidel Castro y por eso mantuvimos relaciones con él hasta que se retiró del poder. A los ojos de nuestro gobierno, Castro es tan decente que hace pocos años ordenó el fusilamiento de varios disidentes. El acto fue tan reprochable y reprochado por la comunidad internacional que hasta José Saramago, el Premio Nobel de Literatura, y por años seguidor de Castro, rompió con él (“Hasta aquí llego yo…”, fue su famosa frase).

Y no se diga de Chávez. Él es la suma de la decencia en América Latina. Y por eso hemos escogido a la estatal petrolera venezolana para que nos construya una refinería por seis mil millones de dólares sin que previamente haya existido una licitación, que le permita al Estado ecuatoriano comparar precios, tecnología, plazos y garantías así como seguridades que ido o caído Chávez el contrato se cumplirá. (Resulta más que irónico que la figura de la “alianza estratégica” –con la que se justifica la falta de licitación en este y otros casos– fue inventada durante la larga noche neoliberal…).

Se ha anunciado que el Ecuador ha contratado una firma de “lobby” en Washington D. C. (a propósito, ¿será “decente” un gobierno que mintió al mundo con el cuento de las bombas de destrucción masiva?...) para que dicha firma mejore nuestra imagen internacional, la que dizque ha sido dañada por el malo de Uribe.

Linda forma de botar la plata. Como si el mundo no supiera lo que está pasando aquí.

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