Los trabajadores de la empresa del transporte masivo fueron los primeros habitantes del lugar.
En 1957 Dolores Zavala de Joniaux llegó a vivir al sector donde estaba ubicada la estación del ferrocarril, que cubría la ruta Guayaquil-Salinas, actualmente el parque del lugar.
La actividad desarrollada por sus habitantes, quienes llegaron a esta parte de la urbe por la cercanía con su trabajo, según comenta José Antonio Gómez Iturralde, director del Archivo Histórico de Guayaquil, con el tiempo le dio el nombre de Ferroviaria a una de las ciudadelas más antiguas de Guayaquil, ubicada en el oeste del puerto y perteneciente a la parroquia Tarqui.
Lolita, como la llaman sus amigos, es hija de Jorge Zavala Gangotena, uno de los primeros gerentes de la empresa de ferrocarriles.
Frente a su casa quedaba el taller del ferrocarril en el que algunos de los muchachos jugaban escondidos entre las máquinas, soñando con dirigir aquellos gigantes majestuosos en los que alguna vez viajaron para disfrutar de los meses de vacaciones.
Según la Guía Histórica de Guayaquil, de Julio Estrada Ycaza, esta locomotora era conocida como ‘Mastodonte de hierro’, que partía desde la parte posterior del colegio Vicente Rocafuerte, y que dejó de funcionar en 1941, cuando el puente que sostenía las líneas férreas se rompió por exceso de peso.
Sus habitantes cuentan que en 1954 el sector nace como ciudadela, y en 1964, el comité pro mejoras cambió su nombre a Barrio de la Ferroviaria, para obtener obras para la zona por parte del Municipio, que solo atendía los requerimientos de los barrios en ese entonces.
Volvió a ser ciudadela en 1975, pero esta vez con la denominación Cinco de Junio, hasta llegar a ser La Ferroviaria.
La plaza de toros La Macarena estaba ubicada en el área donde ahora están los juegos infantiles del Malecón del Salado. En aquel lugar donde solo se permitía el ingreso a las personas adultas, Luis Falconí, presidente del Comité pro mejoras; y Óscar Robinson, secretario del mismo, cuando eran pequeños observaban las corridas desde la cima de la montaña de piedra, que fue dinamitada por la cantera que se estableció en la zona.
‘La Unión hace la Fuerza’ es el lema de quienes habitan en esta parte de la urbe, que en cierta ocasión realizaron un plantón para lograr el ingreso de la línea 9 a la ciudadela porque los buses no transitaban por sus calles internas, comenta Zavala, quien formó parte en 1984 del libro Mujeres de Guayaquil Siglo XVI al siglo XX, de Jenny Estrada.
La mayoría de sus moradores coinciden en que una de las personas más relevantes y recordadas del lugar es el padre José Gómez Izquierdo, el ‘padre Pepe’, quien no solo les enseñaba durante las eucaristías, a las que asistían varias personalidades del país, como ex presidentes, sino que compartía con cada una de ellas sus experiencias de vida.
Otro morador ferroviario es Juan Llerena, quien guarda entre sus anécdotas la ocasión en que se escapó del colegio y junto con sus demás compañeros empeñó sus libros para pasear en bote por el estero. “Pasamos el susto de nuestras vidas cuando este se volcó lanzándonos al agua”, expresa Llerena.
Agrega que en las noches de diversión, los muchachos se reunían en el bar El Barquito, un restaurante con forma de buque, propiedad del cantante puertorriqueño Daniel Santos, quien acompañado por orquestas cantaba cuando venía al país, en la década de 1970.
Falconí indica que la regeneración urbana mejoró la presencia física del área, pero persisten los problemas de recolección de basura y delincuencia.
“Este es un barrio que ha salido adelante por la fuerza de su gente que trabaja unida, y lo seguiremos haciendo”, recalcó Falconí, quien acotó que este es un sector privilegiado por la naturaleza que los rodea.
Textual
Opinión
Juan Llerena
MORADOR
“Lo más hermoso de este sector además de la naturaleza que nos rodea, es su gente, que siempre se une para sacar adelante al barrio”.