La vida sanadora de Dios se vierte en mi ser. Soy fuerte y saludable.
Curación
Al orar con fe en que la salud y la fortaleza son mías, siento completa serenidad en mente, corazón y alma. Todos los sentimientos de estrés y ansiedad se evaporan.
Al reconocer a Dios como la fuente de mi salud, alineo mis pensamientos y emociones con una serenidad que bendice todas las funciones de mi cuerpo y su habilidad para sanar.
Alabar a Dios por una vida y una vitalidad siempre en renovación envía un mensaje de rejuvenecimiento a las células de mi ser.
Despierto espiritualmente, expreso la vida de la mejor manera y más elevada.
La oración y la alabanza son tan vitales para mi bienestar como lo es la respiración.Tan indispensables como el aire, la oración y la
alabanza son un apoyo continuo para mí.
–Lucas 17:15
“Entonces uno de ellos, viendo que había sido sanado, volvió glorificando a Dios a gran voz”.