Lunes 14 de julio del 2008 Cultura

Entre aciertos y errores

Feria Internacional del Libro cerró sus puertas

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El público apoyó con su presencia durante los diez días que duró la Feria Internacional del Libro de Guayaquil.

Los asistentes   celebran la existencia de esta actividad librera, pero sugieren que se mejoren  aspectos de la organización. 

A la poeta   Maritza Cino le sorprendió,   cuando asistió a  la presentación de la novela   Trinitarias, del escritor   Manuel Esteban Mejía, en la Feria Internacional del Libro de Guayaquil, que en la sala  que finalmente se  asignó  para la actividad no hubiera   ni sillas   ni micrófono.  Fue un cambio de última hora, ya que  al   lugar escogido    originalmente   no se podía llegar   por la multitud que  en ese momento    miraba, en un recinto contiguo,  la obra teatral   El principito. 

Dice que la situación resultó incómoda para el escritor  y para el público, puesto  que tuvieron que esperar   a que la sala se adecue. 
    Comenta que hubo actos que se  retrasaron  y otros que se suspendieron. Son hechos que  vivenció  y que la llevan a concluir que la   feria debería encauzarse de mejor forma. “Hay que priorizar no tanto   la cantidad de eventos, sino  seleccionar, de  tal modo que no haya contratiempos”.

La Feria Internacional del Libro de Guayaquil   llegó ayer a su fin, luego de diez días, en los que hubo pabellones dedicados al libro, así como actos y programas que exaltaban a la  literatura y a los autores, pero   también   una diversidad de aspectos que poco tienen que ver con la actividad librera y literaria:  desde venta de cursos de inglés y   de artesanías, hasta   objetos contra el estrés. Y    lectura de cartas.     

La escritora María Leonor Baquerizo coincide con Cino en que hubo  aspectos  que a la organización se le  fueron  de las manos, pero aun así resalta la iniciativa de tener feria de libros. “Celebro haber escuchado a algunos  autores internacionales, porque no solo nosotros los escuchamos,  sino que ellos se enteraron  también de lo que hay aquí en Ecuador”.

Cree que el público se desubicaba  en el recinto ferial  porque no está claro cuál es la Urna Norte, cuál la Sur y otros espacios. Sugiere, para el futuro,  que cada lugar   tenga un cartel, en el que, además, se anuncie   el programa de cada día. “Así se evitan las confusiones”.  

Destaca, sin embargo,  el interés del público  en  asistir a las actividades. Y en ese   punto hace hincapié también la escritora española de literatura infantil   Montserrat del Amo, una de las invitadas extranjeras de la cita literaria. Refiere que el público disfruta de  acercarse a los autores para que le firmen los libros y dialogar.  A ella la entusiasma constatar que los lectores han dejado de ver a los autores  como seres  lejanos y extraños.

 La poeta Carmen Váscones cree que la Feria del Libro  ha sido una oportunidad para acercarse  a la obra de autores nuevos y poco conocidos  en el país, como los argentinos Andrés Neuman y Marcelo Figueras y conocer su proceso creativo. Destaca, asimismo, la presencia de la delegación de autores mexicanos  y  los libros de ese país, que se podían hallar en el pabellón del Fondo de Cultura Económica.

En opinión del poeta Ángel Emilio Hidalgo, la feria ha decrecido en calidad respecto a las anteriores (esta es la tercera  que se efectúa).  Sin embargo, cree que  debe mantenerse y luchar para   mejorar, “porque representa la oportunidad de que un amplio público tenga una alternativa cultural”.  

Opina que los organizadores deberían  ser  más exigentes y rigurosos  en cuanto a la programación  y    potenciar sobre todo la actividad    lectora. “Que la feria  contribuya a la formación de lectores críticos”.

Maritza Cino sostiene que se hace necesario que la feria    replantee sus objetivos. “Debería sopesarse más  cuál es la función de una  feria de libro y no dispersarse”.

Hidalgo aboga porque  cuente con    apoyo para que no deje de hacerse, ya que es importante   que existan estas instancias de acceso al conocimiento.  El  narrador Miguel Antonio Chávez      anota que la empresa privada, que generalmente auspicia otras actividades, debería apoyar también la cita librera y ayudar a potenciarla. Este autor dice que es testigo de los esfuerzos que se hacen para sacar esta feria adelante.

RUIDO
Uno de los   problemas de la feria fue el ruido que llegaba hasta los lugares donde se realizaban los actos. Venía de los pabellones o de otros programas que se realizaban a la misma hora. 

SIN PRESENTADORES
Varios de los  invitados para  presentar  libros de autores nacionales no llegaron  y  fueron    reemplazados de último momento. Sucedió con los libros de Alicia Yánez Cossío  y  Miguel Donoso.

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