Los asistentes celebran la existencia de esta actividad librera, pero sugieren que se mejoren aspectos de la organización.
A la poeta Maritza Cino le sorprendió, cuando asistió a la presentación de la novela Trinitarias, del escritor Manuel Esteban Mejía, en la Feria Internacional del Libro de Guayaquil, que en la sala que finalmente se asignó para la actividad no hubiera ni sillas ni micrófono. Fue un cambio de última hora, ya que al lugar escogido originalmente no se podía llegar por la multitud que en ese momento miraba, en un recinto contiguo, la obra teatral El principito.
Dice que la situación resultó incómoda para el escritor y para el público, puesto que tuvieron que esperar a que la sala se adecue.
Comenta que hubo actos que se retrasaron y otros que se suspendieron. Son hechos que vivenció y que la llevan a concluir que la feria debería encauzarse de mejor forma. “Hay que priorizar no tanto la cantidad de eventos, sino seleccionar, de tal modo que no haya contratiempos”.
La Feria Internacional del Libro de Guayaquil llegó ayer a su fin, luego de diez días, en los que hubo pabellones dedicados al libro, así como actos y programas que exaltaban a la literatura y a los autores, pero también una diversidad de aspectos que poco tienen que ver con la actividad librera y literaria: desde venta de cursos de inglés y de artesanías, hasta objetos contra el estrés. Y lectura de cartas.
La escritora María Leonor Baquerizo coincide con Cino en que hubo aspectos que a la organización se le fueron de las manos, pero aun así resalta la iniciativa de tener feria de libros. “Celebro haber escuchado a algunos autores internacionales, porque no solo nosotros los escuchamos, sino que ellos se enteraron también de lo que hay aquí en Ecuador”.
Cree que el público se desubicaba en el recinto ferial porque no está claro cuál es la Urna Norte, cuál la Sur y otros espacios. Sugiere, para el futuro, que cada lugar tenga un cartel, en el que, además, se anuncie el programa de cada día. “Así se evitan las confusiones”.
Destaca, sin embargo, el interés del público en asistir a las actividades. Y en ese punto hace hincapié también la escritora española de literatura infantil Montserrat del Amo, una de las invitadas extranjeras de la cita literaria. Refiere que el público disfruta de acercarse a los autores para que le firmen los libros y dialogar. A ella la entusiasma constatar que los lectores han dejado de ver a los autores como seres lejanos y extraños.
La poeta Carmen Váscones cree que la Feria del Libro ha sido una oportunidad para acercarse a la obra de autores nuevos y poco conocidos en el país, como los argentinos Andrés Neuman y Marcelo Figueras y conocer su proceso creativo. Destaca, asimismo, la presencia de la delegación de autores mexicanos y los libros de ese país, que se podían hallar en el pabellón del Fondo de Cultura Económica.
En opinión del poeta Ángel Emilio Hidalgo, la feria ha decrecido en calidad respecto a las anteriores (esta es la tercera que se efectúa). Sin embargo, cree que debe mantenerse y luchar para mejorar, “porque representa la oportunidad de que un amplio público tenga una alternativa cultural”.
Opina que los organizadores deberían ser más exigentes y rigurosos en cuanto a la programación y potenciar sobre todo la actividad lectora. “Que la feria contribuya a la formación de lectores críticos”.
Maritza Cino sostiene que se hace necesario que la feria replantee sus objetivos. “Debería sopesarse más cuál es la función de una feria de libro y no dispersarse”.
Hidalgo aboga porque cuente con apoyo para que no deje de hacerse, ya que es importante que existan estas instancias de acceso al conocimiento. El narrador Miguel Antonio Chávez anota que la empresa privada, que generalmente auspicia otras actividades, debería apoyar también la cita librera y ayudar a potenciarla. Este autor dice que es testigo de los esfuerzos que se hacen para sacar esta feria adelante.
RUIDO
Uno de los problemas de la feria fue el ruido que llegaba hasta los lugares donde se realizaban los actos. Venía de los pabellones o de otros programas que se realizaban a la misma hora.
SIN PRESENTADORES
Varios de los invitados para presentar libros de autores nacionales no llegaron y fueron reemplazados de último momento. Sucedió con los libros de Alicia Yánez Cossío y Miguel Donoso.