Y habría que añadir las amnistías, los indultos a las mulas de las drogas, el derecho al placer, el cuy como símbolo nacional, el derecho al agua, la veda petrolera y minera, es decir, casi una docena de temas enigmáticos e indescifrables para el ecuatoriano común, en los que están ocupados algunos asambleístas. Descubro al menos dos actitudes en quienes todavía se empeñan en seguir con estas discusiones. Por un lado, la oposición los usa para desprestigiar a la nueva Constitución, es claro. Por otro, los que asoman con camisetas que dicen “Ninguna mujer debe morir por dar la vida” demuestran que están dispuestos a todo por defender sus principios. ¿Incluso hasta llegar a poner en riesgo el triunfo del Sí? Cabe reflexionar en los siguientes puntos:
1. La nueva Constitución va a ser el fiel reflejo del nivel de educación, información y hasta prejuicio de la sociedad sobre determinados asuntos. No es hora de ponerse a tratar de cambiar a estas alturas la mentalidad de la gente. Los movimientos sociales, los grupos pro derechos y demás hierbas de ONG tuvieron dos décadas y los fondos de la cooperación internacional para hacerlo.
2. La nueva Constitución no va a ser perfecta, los idealistas deben ceder aunque les duela, porque hay un proceso en marcha. Esta no es la primera ni la última batalla por las libertades. Los que pensamos que el Estado debe desaparecer, para que en su lugar surja un orden nuevo de solidaridad y abierto al gozo, podemos comprender que estamos dando un paso incipiente, pero que no podemos volver atrás porque las palabras de la Constitución no son las que queremos; eso es secundario.
3. Es una falta de respeto, una prepotencia, querer imponer una ideología por encima de los valores conservadores y no perfectos de los sectores populares. Si la mayoría rechaza el aborto, a los gays y a las mulas de drogas, y pide un tratamiento duro, hay que escuchar, serenarse y entender con humildad el mensaje. Ni tampoco es cierto que eso les dé licencia a los déspotas, como Nebot, para que sigan atropellando a los pobres bajo el pretexto de imponer orden y moralidad. No. Porque si la meta es justamente esta gente, habría que partir de allí, para cambiar, poco a poco.
De todas maneras, lo enriquecedor de este debate y de estos tiempos es que nadie se salva de sincerar su posición. Gracias a ello, algunos medios de comunicación se delataron como el último bastión de la partidocracia; los ecologistas quedaron en evidencia al preferir a los tiburones antes que a los pescadores artesanales y sus familias; y todavía está por verse hasta dónde los aniñados de discurso progresista pueden o no seguir apoyando el proceso de transformación o, por el contrario, bajo el pretexto de la discrepancia semántica entre “concepción” y “vida”, tratan de patear el tablero.
* Consultor político