Los asambleístas ya no pueden negar su encerramiento en un proyecto previamente elaborado. ¡Nos han oído a muchos; no nos han escuchado! Educación y aborto no son temas solo religiosos, son temas que interesan a toda persona respetuosa de los valores humanos, más aún si es cristiana. Soñaba un Ecuador que en el siglo XXI supere, como otros países, el estatismo, especialmente en el campo educativo; estatismo que ha impedido la movilidad social de los pobres. El sindicato que tiene en sus manos la educación ha logrado retratarse en el proyecto de nueva Constitución, por ser fuerza de choque, a pesar de haber impedido la movilidad social de los pobres y de haber colocado nuestra educación a la cola del continente.
Según el proyecto, el Estado existiría antes de las personas. El Estado sería la fuente de derechos. Sería el señor y dueño de personas y bienes. El proyecto concede a los padres escoger la educación para sus hijos, condicionándolo a que “no afecte el interés superior de los niños y adolescentes”. Como si los padres no tuvieran ya este derecho irrenunciable, reconocido, además, por organismos internacionales como la Unesco.
Denomina a la educación “servicio público”, derecho exclusivo del Estado. La educación particular, si se aprueba el proyecto, quedaría reducida a concesión del Estado. Como el proyecto supone que los bienes no son de los ciudadanos, sino del ente impersonal Estado, este podría apoyar o no apoyar a la educación particular y fiscomisional. Se divide así a los ecuatorianos en ciudadanos de primera y de segunda clase. Ni se menciona la autonomía administrativa, pedagógica y financiera. Además, se acentúa el control del Estado sobre “todas las actividades”.
Para la remuneración de los docentes se sigue valorando solo el tiempo de permanencia en el sistema; no se toman en cuenta el compromiso y la capacitación del maestro. Se ignoran la descentralización y desconcentración de competencias. Votar Sí a este proyecto sería prolongar la marginación. Espero que en la última discusión no sigan dificultándonos votar Sí.
Los asambleístas evitan la palabra aborto, pero lo aprueban. Al negarse a determinar que la defensa de la vida comienza desde la concepción. Al tratar de “los derechos reproductivos” dejan la puerta abierta al aborto. Por el contrario, favorecen a gays y lesbianas, estableciendo como obligación del Estado el ofrecerles condiciones seguras.
Señores asambleístas, en el articulado acerca de niños y adolescentes, recuerden que nuestro Presidente prometió hacer campaña por el No, si el proyecto introdujera el aborto. Si en el articulado acerca de niños y adolescentes afirmaran “El Estado reconoce y protege el derecho a la vida desde la concepción y la obligación de atenderlo, sin que los ‘derechos reproductivos’ puedan afectar este derecho”, facilitarían votar Sí.
Repito lo dicho al entregar más de 800.000 firmas, conseguidas en quince días, al Presidente de la Asamblea: Ayúdennos a votar Sí, teniendo en cuenta la opinión de estos ciudadanos y de los que marcharon pacíficamente por todas las capitales provinciales.