lunes 14 de julio del 2008 Columnistas

Los ‘herrores’ de julio

Hace exactamente 219 años, una muchedumbre asaltó La Bastilla, una prisión que había sido símbolo del absolutismo de la monarquía francesa. Se dice que informado el rey Luis XVI del levantamiento preguntó: “Pero esto es un motín”, a lo que su asistente habría respondido: “No, Sire, es una revolución”. En efecto, la destrucción de la odiosa cárcel se considera el punto de inicio de la Revolución Francesa.

Este proceso buscaba hacer prevalecer la libertad, la igualdad y la fraternidad, bajo el imperio del respeto a los derechos del hombre, pero en realidad condujo al terror como sistema de gobierno, a la guillotina como principal herramienta política y a guerras que causaron centenares de miles de muertos. No se instauró un gobierno justo, igualitario y mucho menos fraterno, sino que Francia tuvo que esperar ocho décadas para lograr un orden parecido a lo que hoy llamamos democracia.

Figura descollante en esta Revolución fue el joven Maximilien Robespierre, orador brillante, quien por sus virtudes fue llamado “el Incorruptible”, cabeza de los jacobinos. Pero, como lo sabía Nietzche, los buenos y los justos son seres peligrosos, que esperan que el mundo y la sociedad se adapten a sus prejuicios y complejos, y no quieren adaptar su acción a la realidad física y social. Así, este letrado honrado e inteligente se convirtió en un genocida, que no vaciló en cortar las cabezas de millares de sus enemigos y muchos de sus amigos.

Se dirá que la sangrienta revolución se justificó por sus logros. No es así, algunos países consiguieron democracia, libertad e igualdad de una manera más profunda y duradera, con procesos más cortos que no requirieron guillotina, terror y guerra. Y, por cierto, el dar todo el poder a un déspota “incorruptible” es el camino menos adecuado para construir una verdadera república.

De algunas maneras Ecuador asiste, como Francia en julio de 1789, a la caída de un ancien régime, de un antiguo régimen. Por desgracia, en el proceso que se ha iniciado hay demasiada “incorruptibilidad” en acción, ya se ha recurrido a la guillotina verbal, ojalá no se recurra a la física. La semana anterior fue tomada la Bastilla mediática del viejo país. No fue el pueblo el protagonista de esta operación, por supuesto, y esta Bastilla electrónica no fue destruida, sino que será usada por los neojacobinos… de manera parecida a la que la usaron los jerarcas de nuestro ancien régime.

Por favor, abramos los ojos, el pasado terminó y no volverá… afortunadamente. Los pataleos y rasgadas de túnicas no servirán para devolvernos  un sistema que no merece ser añorado. Si tratamos de vender la idea de que el reino de los señores bandidos era democracia, daremos el gran pretexto para que los enemigos de la democracia se afiancen y nos impongan su régimen de terror. No cometamos ese error que nos conducirá al horror (esto significa herror, je, je).
Nuevas propuestas, nuevas ideas, nuevos cerebros serán la única respuesta eficaz a la barbarie de los “incorruptibles”.
Columnistas

Diseño

© Copyright 2009. Compañia Anónima EL UNIVERSO. Todos los derechos reservados.